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Inicio > Noticias > Las mujeres rurales del Valle del Jerte lanzan sus reclamos en un manifiesto por el 15 de octubre, “Día Internacional de las Mujeres Rurales”
Oct
14
2021
Actividad impulsada en el marco del Proyecto “Tejiendo redes feministas en el Valle del Jerte por los derechos humanos de las mujeres”
Las mujeres rurales del Valle del Jerte lanzan sus reclamos en un manifiesto por el 15 de octubre, “Día Internacional de las Mujeres Rurales”
Fundación MUJERES – Delegación de Extremadura
Las mujeres participantes en la Escuela rural Feminista del Valle del Jerte, impulsada por Fundación Mujeres, organizan una lectura pública conjunta en la plaza de Navaconcejo, Cáceres, de un manifiesto construido colaborativamente entre todas con motivo del 15 de octubre, “Día Internacional de las Mujeres Rurales”.

El 15 de octubre, “Día Internacional de las Mujeres Rurales”, queremos instaurarlo en el Valle del Jerte como día conmemorativo para visibilizar el crucial papel que tienen las mujeres en el mundo rural y más concretamente en nuestra tierra debido a que por sus características productivas y desarrollo del trabajo de sus productos, la cereza por excelencia, las mujeres hemos sido y somos fundamentales.

Queremos que este manifiesto no sólo sea una declaración de lo que hemos sido y conseguido, sino que sea una plataforma para reivindicar nuestras luchas, nuestros anhelos, nuestras necesidades e intereses como mujeres rurales que somos. Queremos que este sea un documento vivo que se alimente año tras año, que sea la voz de todas.  

La identidad de las mujeres del Valle del Jerte es múltiple, somos diversas, vivimos en el entorno rural, trabajamos en el ámbito profesional y en el de los cuidados. Sorteamos los obstáculos de las dificultades de conciliación de la vida laboral, personal, familiar y social.   

Muchas de nosotras compartimos con los hombres las tareas agrarias y aportamos tanto trabajo como bienes sin que por ello podamos tener, en algunos de los casos, los mismos derechos como titulares de las tierras que trabajamos, aspecto en el que cada día avanzamos más rápidamente, gracias al trabajo del asociacionismo de las mujeres y colectivos del medio rural que no han dejado de luchar por nuestros derechos.   

Las mujeres rurales del Valle del Jerte queremos tener los mismos derechos que las mujeres de zonas urbanas cercanas, tener un acceso seguro y rápido a los servicios públicos para que nuestras necesidades y las de nuestras familias sean atendidas y poder disfrutar de conciliación real. En época de campañas, las mujeres realizamos dobles y triples jornadas, llegando a trabajar más de 18 horas seguidas. Queremos una corresponsabilidad real para emprender y para conciliar.

Aunque es muy importante reforzar el papel de las mujeres agrícolas, hay que reconocer que no todas las mujeres rurales viven de la agricultura. El entorno rural ya es por necesidad pluridimensional, y muchas de nosotras y nuestras hijas trabajan en otro tipo de sectores, particularmente en los servicios de educación, de los cuidados de menores y mayores, en la salud, en las tiendas o en el turismo. Todos estos trabajos son vitales y ayudan a mejorar la calidad de vida y el desarrollo sostenible del Valle.

Hablar de mujer rural, es hablar de mujer diversa, plural, incluyendo a las mujeres migrantes que vienen aquí para trabajar en la cereza, en la castaña, en otras tareas agrícolas, o ayudando en el cuidado de nuestras casas y nuestras familias. Somos todas mujeres rurales y juntas queremos luchar por la defensa de los derechos humanos de todas las mujeres.

Queremos que la participación de las mujeres se dé en igualdad de condiciones que la de los hombres, que podamos estar representadas en los espacios de toma de decisiones, en las cooperativas, en las Alcaldías, en las organizaciones. Que se escuche nuestra voz, que nuestras opiniones cuenten. Tenemos mucho que ofrecer.

Somos mujeres con una tradición, el asociacionismo en el Valle es muy fuerte, nos unimos para luchar contra las múltiples opresiones que vivimos. Queremos que nuestros haceres y saberes no dejen de transmitirse de generación en generación dándoles el valor que se merecen. Queremos que se rompan los roles patriarcales, sociales y educacionales impuestos. Queremos ser protagonistas de nuestro propio esfuerzo y partícipes en igualdad de esta forma de vida tan nuestra que tenemos en nuestros pueblos, de esta gran red tejida por tantas generaciones de mujeres.

Creemos vínculos entre el pasado, nuestras ancestras y el futuro, nuestros descendientes. Construyamos puentes entre culturas y generaciones, porque compartir sabiduría, conocimiento y experiencias nos hace más fuertes.

Queremos formar parte de una manera activa en la ruptura del vaciado de nuestros pueblos, volver a llenarlos de vida y actividad. Sabemos que nosotras lo podemos hacer, lo sabemos hacer.  

Queremos que los programas de formación sean más personalizados teniendo en cuenta los entornos rurales. Es necesario invertir más en mejorar la comunicación de nuestros pueblos, pedimos mayor inversión e infraestructuras para acabar con el aislamiento.

Queremos poner fin a ese silencio, opresor, doloroso y cruel que hay alrededor de la violencia machista, ya que en entornos pequeños es aún más difícil denunciar y salir de ese círculo debido a la presión social de vecinos y vecinas que pesa y se sufre.

Queremos que ninguna mujer se sienta sola en esto, por eso tan importante el trabajo que realizan las oficinas de igualdad, los servicios sociales, cercanas y sabedoras de los problemas de sus vecinas, de sus amigas, de sus familiares, la red de sororidad entre nosotras es aún más fuerte, más sólida.

No queremos dejar de recordar que estos largos meses de pandemia han agravado más esta situación por el aislamiento que han sufrido nuestros pueblos y han sacado a relucir las enormes diferencias y desigualdades de género, así como las brechas existentes entre las habitantes del medio rural y el urbano.

Por otro lado, la pandemia ha dejado en clara evidencia lo indispensable y necesario que es conservar y garantizar el mundo rural con su actividad agrícola y ganadera y que contribuye a la supervivencia de todas y todos, cuando ninguna otra actividad era posible.

Somos raíces fuertes y poderosas, capaces de crecer en lo más inhóspito de la sociedad y aun así extender nuestras semillas para que las demás crezcan. Por tanto, qué no seremos capaces de hacer si crecemos donde nos aman, nos quieren, nos respetan, nos dejan libertad. Generosas, luchadoras y creadoras por nuestras venas sólo cabe la vida, la unión y la fuerza.


Por todas las mujeres rurales, por nosotras. Feliz 15 de octubre, Día de las mujeres rurales.