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Oct
20
2020
Una acción de Fundación Mujeres para la visibilización del papel de las mujeres cuidadoras
Entrevista a Mª Magdalena Marín Balvín, participante de Cuidadanas
Fundación Mujeres
Con motivo del Dia Internacional de las Personas Cuidadoras que se celebra el 5 de noviembre, semanalmente se publicará entrevistas de mujeres que han pasado por el programa de Empoderamiento de Mujeres Cuidadoras y nos cuentan su experiencia

Desde Madrid, hemos contado con la colaboración de  Magdalena Marín Balvín y nos ha explicado su experiencia como cuidadora y su paso por el programa.

 
Cuéntanos por qué llegaste a Cuidadanas.
He cuidado a mi madre desde que se mudó a España en 1997 y, a pesar de que cuando llegó se encontraba bien de salud, al poco tiempo mi padre murió y a ella le entró una depresión por la que terminó enfermando. Mi padre estaba enfermo y no quería dejarla sola en otro país, por lo que su intención fue que yo la cuidara cuando él dejase de estar. 
Ante esta situación, decidí irme a vivir con ella. Yo era independiente económicamente, tenía un trabajo y estabilidad, así que comencé a compaginar mi trabajo con su cuidado. 
La situación empeora a partir del 2001, cuando una enfermedad la agrava hasta el punto de tener que operarla, y, a pesar de que salió adelante de esa operación, comencé a dedicar más horas a su cuidado. El deterioro no era total por lo que en este punto podía compaginar mi trabajo con estar con ella. 
Posteriormente, en 2011, tuvo otra operación de la que salió bastante mal. A parte de todos sus males, empezó a perder progresivamente sus facultades hasta depender en un 80% de mí. El deterioro en esta ocasión fue muy grave. La época de crisis que vivía España en aquellos momentos hizo que perdiera mi puesto de trabajo, me quedé en el paro y empecé a dedicarme en exclusiva a su cuidado. 
 
¿Qué te animó a venir?
Yo conozco el programa de Cuidadanas en 2016, gracias a una amiga que estaba en una situación similar a la mía y que acudía a Fundación Mujeres. Su experiencia me motivó a venir, lo quise intentar porque también era cuidadora y necesitaba apoyo. 
Además, ella veía mi situación desde fuera y me aseguraba que me iban a orientar y a ayudar a sobrellevarlo. Tenía que tener claro que no tenía por qué llevarlo sola. 
  
¿Qué has cambiado en tu vida para situarte también en el centro de tu cuidado?
Un poco lo que ya te comenté: dejé el trabajo para dedicarme en exclusiva a su cuidado, abandoné a mis amigas y poco a poco dejé de tener una vida propia. 
Lo peor fue llegar a deteriorarme. Lo pasas muy mal porque querrías hacer otras actividades a parte del cuidado y es muy duro compaginar; vas aprisa y encima no te quitas de la mente que tienes a una persona enferma a tu cargo. Es bastante difícil. Estoy muy agradecida a todas las enseñanzas que me han dado en Cuidadanas, me han servido mucho, como por ejemplo el taller que hicimos para superar el duelo. Te replanteas cosas que por ti misma no habías llegado a analizar. Además de todas las frases con las que me quedo, como por ejemplo la de que “la tristeza vendrá a visitarte, pero como toda visita, se tiene que marchar, así que no la dejes instalarte”. Todo esto nos ayudan en nuestras vidas; me fortalecen, no me hundo. 
Soy una persona muy tímida. Desde que empecé a venir a Fundación Mujeres me he abierto más y se me han abierto muchas puertas para solucionar mis asuntos privados.  Además, he podido socializar con más mujeres que estaban en la misma situación que yo; he hecho muchas amistades con las que hoy en día mantengo contacto. 
 
¿Cuáles consideras tus logros más destacados?
Siempre he tenido vocación para ayudar a mi familia, pero gracias a los talleres impartidos en Cuidadanas he mejorado en mis tareas de cuidado, porque te enseñan a cuidar mejor. 
Traté de volver a incorporarme al mercado laboral, pero tenía miedo por mi madre y por no saber compaginar. Volver a trabajar implicaba dejar a mi madre con un tercero durante más tiempo, y no dejaba de pensar que como yo nadie iba a cuidar a mi madre. 
Fue entonces cuando comencé a acudir a clases nocturnas cuando mi madre dormía. Mi objetivo era formarme para actualizarme y volver al mercado laboral en cuanto tuviera oportunidad. He de reconocer que no estaba nada segura, la idea me daba miedo.
 
Hablemos de dificultades, ¿qué obstáculos te has encontrado en este camino?
Yo estaba sola cuidando a mi madre. Cuando empecé a venir a las clases y talleres me conciencié de que realmente me podían servir y sobretodo, tenía que dejarme ayudar. Y así fue, todos los talleres que han impartido me han hecho más fuerte y me han empoderado. Además de la direcciones y datos que me proporcionaron sobre centros, como los servicios sociales, a los que podría acudir para solicitar más información y ayudas para el cuidado de mi madre. En concreto me hablaron de los centros de día gratuitos que ponían a disposición la Seguridad Social; solicité la plaza para mi madre en uno y me lo dieron de inmediato. Esto llevó a que pudiera tener unas pocas horas del día a las que dedicarme a mi vida privada y, en definitiva, me dio un poco de libertad para hacer más cosas. El momento fue el ideal porque estaba pasando por una época en la que necesitaba descansar, había empezado a descuidarme y me estaba deteriorando. Una persona dependiente te absorbe muchísimo. Además, tengo una vida, no podía olvidarme de eso. Tengo que motivarme para seguir, no podía quedarme ahí, tenía que continuar como antes, a como antes de cuidar a mi madre. Y eso era lo que quería hacer: reactivarme. Ahora en cuanto las cosas se calmen con la pandemia volveré a la carga.
 
Y ahora, ¿Qué retos te has planteado?
Cuando murió mi madre me surgieron muchas tareas por solucionar que aún hoy tengo pendientes. Tengo proyectos en mente, como retomar la búsqueda de empleo, y otros de carácter familiar. Actualmente estoy supervisando una reforma, soy algo así como el capataz, me entretiene y me hace sentir productiva. Con el tema de la pandemia, lo único que quiero es que vuelvan las cosas a la normalidad para volver a tener una estabilidad y retomar mi vida.
 
¿Qué le dirías a una mujer cuidadora, en una situación parecida a la que tú tenías?
La Fundación Mujeres y, en concreto, Cuidadanas ayuda muchísimo a todas las mujeres cuidadoras porque nos dan a conocer un motón de ayudas que solicitar, o formación de todo tipo para aprender a cuidarnos a nosotras mismas, que llega momentos en los que nos abandonamos. Realizan una buenísima labor, tienen empatía con nosotras y nuestro sufrimiento; tener que vivir el deterioro de tus personas queridas duele y sufres mucho. Te dan a conocer otras realidades y opciones para sobrellevarlo, y, a veces, hacen que te olvides de la situación por un rato, lo que te libera un poco. 
  
 
Desde Fundación Mujeres y Cuidadanas, queremos agradecer a Magdalena su colaboración y participación y animar a más mujeres como ella a seguir luchando por sus motivaciones personales, sociales y laborales para conseguir los logros que se propongan. 
 
Si estás interesada en reconducir la tarea del cuidado que realizas para darte el espacio que necesitas para construirte como mujer y como mujer cuidadora puedes contactar con nosotras llamando al 915 912 420 o al correo cuidadanas@fundacionmujeres.net