Un blog de Fundación Mujeres
Continuando con el tono positivo y sólo reflejando buenas noticias y buenas intenciones, tal y como me he propuesto escribir en la presente temporada otoño invierno, (o por qué creéis que estoy escribiendo tan poco) os informo que la reunión de hoy de Consejo de Ministros ha estado cargada de contenidos en materia de igualdad de oportunidades.
Se ha realizado un repaso general a los aspectos de ejecución de la Ley para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, se han aprobado algunos de los reales decretos que desarrollan la Ley y también algunos planes que supongo parte del plan estratégico del gobierno en materia de igualdad, (esta parte no me ha quedado muy clara).
Me parecen especialmente destacables los siguientes aspectos:
De momento podéis ver las referencias de la reunión de hoy en la página web de la Moncloa, (referencias de la reunión de Consejo de Ministros de 19 de octubre) pero habrá que estar pendiente del Boletín Oficial del Estado durante los próximos días para ver cómo quedan estas regulaciones. Además quedan algunos aspectos de desarrollo de la Ley de igualdad previstos para este año, que tienen que ver con la igualdad en las empresas, los indicadores de riesgo en materia de salud laboral relacionados con la maternidad y la reglamentación de indicadores para la elaboración de informes de impacto de género en las leyes que, seguramente, irán cayendo en próximas reuniones.
Me siento un poco extraña… esto de informarse sobre las políticas de igualdad a golpe de BOE y acuerdo de Consejo de Ministros, por un lado da mucho gusto, pero por otro, reconozco, que ha perdido un poco la gracia, (suspiro).
Si queremos conseguir que las cosas cambien, hay que hacerlas de una forma diferente. Llevamos ya muchos años analizando la realidad y pendientes de la evolución social frente a cambios legislativos y sociológicos y la conclusión no puede ser más clara. Si deseamos erradicar la desigualdad, la discriminación por razón de sexo y la violencia contra las mujeres, es necesario cambiar la forma en las que pensamos / hacemos las cosas.
Debemos dejar atrás la idea de que es una cuestión de tiempo. Abandonar la idea de que el reconocimiento de la igualdad formal, unido al hecho de una mayor presencia de mujeres en los ámbitos educativos, laborales y políticos podía traernos una solución automática.
Hoy sabemos, que solo revisando las formas de hacer, las ideas en las que se asienta el funcionamiento social, podemos aprovechar plenamente la presencia transformadora de las mujeres y construir una sociedad mejor.
Lo siento, no queda más remedio que ponerse manos a la obra para reconceptualizar, o dicho de otra forma, abrir las ventanas, voltear los colchones, sacudir las cortinas del polvo acumulado, cual si de una limpieza de primavera social estuviéramos hablando.
Hay muchas formas de hacer esto y la mayoría de ellas, en contra de la opinión generalizada que piensa que el feminismo es agrio, bronco y malhumorado, afortunadamente son divertidas, creativas, amables y solidarias.
Un buen ejemplo es la iniciativa Fémina 2007: Rimas contra la violencia de género. Siguiendo su trayectoria de apoyo a las mujeres artístas, esta iniciativa ha querido dar un paso más, para realizar no sólo una muestra del hip-hop nacional protagonizado por mujeres, sino para acercarnos un contenido distinto y solidario de este estilo musical que, tan a menudo tenemos asociado a letras masculinas, cuando no sexistas y violentas.
Si el hip-hop, nace como una manifestación contracultural de protesta y reivindicación en contra de la exclusión social de jóvenes urbanos, no hay mejor instrumento para alzar la voz, no sólo en defensa de las mujeres injustamente agredidas y golpeadas, sino de las jóvenes que quieren relaciones igualitarias con los chicos de su generación.
Como dice la Maestra Aya de León, Si las mujeres hicieramos hip-hop…, las cosas serían diferentes. Además de para el hip-hop, la cultura y el ocio, se aceptan ideas para la convivencia ciudadana, la educación en valores, la literatura, el dialogo social, la participación política, la economía, el desarrollo sostenible, la comunicación, la pobreza, las relaciones familiares, la salud, la política internacional, las guerras, la religión, el trabajo, la seguridad, la libertad y la justicia. En eso estamos y hace falta gente. Os esperamos el 9 de octubre a las 20:30 en la Sala Caracol.
¿Se han preguntado alguna vez cómo es posible que las mujeres víctimas de violencia tarden tanto tiempo en denunciar los malos tratos? ¿Se han preguntado cómo es posible que, una vez dado el paso, retiren la denuncia y perdonen a su agresor? ¿Se han preguntado por qué una mujer abre la puerta de su casa y consiente en contravenir las medidas de protección?
Detrás de las posibles respuestas a estas preguntas hay factores, en ocasiones difíciles de entender por quienes no somos especialistas en la materia. Cuestiones que tienen que ver con la complejidad del propio fenómeno de la violencia de género y sus efectos en la estabilidad emocional y personal de las víctimas. No obstante, hay algunos elementos de contexto que son muy fáciles de entender. Uno de ellos está apuntado en una noticia de la Asociación de Mujeres Juristas Themis y tiene relación con la demanda de varias organizaciones de mujeres sobre la modificación del artículo 416 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.
Cuando una mujer víctima llega a un juzgado, lleva mucho camino recorrido, mucho sufrimiento acumulado y, probablemente, muchas cicatrices en el ánimo y en las fuerzas para seguir adelante con su propia vida. Si en ese momento, y en aplicación de este artículo 416, que nada tiene que ver con la Ley Integral contra la Violencia de Género, lo primero que escucha en boca de Su Señoría es que no tiene la obligación de declarar en contra de su agresor, no podemos extrañarnos de que algunas mujeres decidan no hacerlo. Personalmente, incluso, me asombra que no sean más. Las consecuencias de esto, como nos cuentan algunas de las informaciones que estamos recibiendo a lo largo de este verano, son nefastas en muchos casos.
La reflexión que debemos hacer es que las medidas específicas contra la violencia de género pueden verse sin duda contrarrestadas por cuestiones colaterales que continuan funcionando como siempre, sin haberse adaptado al espíritu y finalidad de una importante reforma, que costó mucho conseguir y que hay que continuar desarrollando y mejorando. Debemos pedir a todas las personas, instituciones y organizaciones que intervienen en la aplicación de la Ley, que ajusten su funcionamiento y su respuesta en cada caso a los objetivos de protección y apoyo a las víctimas que se desprenden de la propia Ley. Por supuesto, esto pasa porque los juzgados, las Fuerzas de Seguridad del Estado y cualquier otro tipo de servicio, trabajen a favor de la decisión de denunciar el maltrato y eviten, en todo momento, realizar actuaciones que tengan un efecto disuasorio sobre la denuncia y la culminación del proceso de recuperación de las mujeres.
Para prestar este apoyo de forma eficaz, hace falta tener un adecuado nivel de conocimiento y sensibilidad en relación con la situación que están viviendo las mujeres victimas de violencia de género, tanto en el momento de denunciar como a lo largo de todo el proceso de recuperación. Es necesario tomar conciencia de lo difíciles que son las decisiones que tiene que tomar una mujer víctima de violencia de género a manos de su pareja o ex-pareja. Es necesario poseer una idea certera sobre la situación de vulnerabilidad e indefensión personal en la que se encuentran, en la mayor parte de los casos, muchas de estas mujeres víctimas de maltrato continuado.
Esta situación es la que ha querido retratar el director David Planell en su corto SUBIR Y BAJAR, que está siendo distribuido a través de Internet por la Productora AVALON.
Por supuesto, es una ficción cinematográfica, pero creemos que la descripción de la situación que realiza este corto, puede ser una herramienta válida para contribuir a la mejor comprensión del problema de la violencia de género desde el punto de vista de las víctimas y la situación por la que atraviesan en la relación con su agresor, a pesar de las medidas de protección. Por esta razón, desde Fundación Mujeres hemos decidido apoyar su difusión. Creemos que, tal vez, después de ver este corto, que me impresionó profundamente la primera vez que lo vi y aún me deja un nudo en el pecho cada vez que lo veo, tengan ustedes alguna pista más para responder a las preguntas que se plantean al inicio de este post. Si es así, apoyen la generosa iniciativa y, sobre todo, contribuyan a su difusión. Gracias.
En relación con el debate planteado por el diario El Mundo, sobre la posibilidad de que la jornada de reflexión de las próximas elecciones generales, coincida con el día 8 de Marzo, he publicado este artículo, en la edición impresa de ese diario, el pasado domingo 26 de agosto.
Un día por encima de la confrontación partidista.
La Ley Electoral prohíbe la celebración de actos con finalidad electoral desde las 00:00 horas del día anterior de la celebración de unas elecciones. La respuesta de si resulta conveniente o no la coincidencia del día de reflexión de una elecciones generales con el 8 de Marzo, Día Internacional de las Mujeres, tiene que ver, necesariamente, con la naturaleza y finalidad de los actos que celebramos las mujeres de todo el mundo justo ese día.
El día 8 de marzo es el día de las mujeres de a pié. El día de las mujeres que construyen, desde lo cotidiano y con su esfuerzo de reivindicación de la igualdad, un mundo más justo para los hombres y las mujeres. Es un día de conmemoración, reflexión y reivindicación que se ha consolidado plenamente, que lleva más de 90 años instalado en los calendarios, por encima de fronteras y diferencias culturales, sociales, lingüísticas y, por supuesto, políticas. De hecho se trata de un día alentado por Naciones Unidas, junto con el movimiento internacional de las mujeres. En España, se lleva celebrando este día de forma ininterrumpida desde hace más de 30 años. El 8 de marzo no se convoca. Existe, está ahí para recordar a todo el mundo que es necesario seguir trabajando por la igualdad, la justicia social y los derechos de las mujeres en todo el mundo.
Resulta razonable dudar sobre la conveniencia o no de autorizar manifestaciones de contenido político en un día de reflexión. Resulta razonable pensar que determinado tipo de peticiones, manifestaciones o reivindicaciones de carácter social, aún en el caso de estar promovidas al margen de la participación de los partidos que concurren a las elecciones, pueden tener una clara finalidad electoral. Pero hay cuestiones que están más allá de las disputas electorales domésticas. Objetivos comunes que deberían ser asumidos y respetados por encima de la confrontación partidista.
No debería haberse planteado un problema de incompatibilidad política entre una jornada de reflexión con un día de conmemoración internacional como el 8 de Marzo, porque no existe. El debate sólo puede pretender crear confusión general en relación con dos cuestiones: Por un lado intentar desacreditar al movimiento de mujeres estableciendo una relación directa entre las reivindicaciones de las mujeres y los intereses electorales de la izquierda, argumento enormemente reduccionista y que le hace muy poca justicia a las intenciones de las personas y las organizaciones que apoyan estos actos en todo el mundo. Por otro, abrir la posibilidad de utilizar el día de reflexión para otro tipo de reivindicaciones sociales que, convocadas de forma oportunista, sí pueden llegar a tener una clara finalidad electoral, como si una conmemoración internacional, a punto de celebrar su centenario, pudiera ser comparada con cuestiones de contenido doméstico y coyuntural.
No veamos fantasmas donde no los hay. Las organizaciones de mujeres no le vamos a decir al Presidente del Gobierno cuando tiene o no que convocar elecciones, no es nuestro cometido y creo que no tenemos nada que decir, mientras no se perjudique el normal desarrollo de las actividades previstas para ese día. Yo estaré en la Manifestación del 8 de marzo, celebrando los avances conseguidos por las mujeres en todo el mundo, acompañada por otras personas que queremos seguir trabajando juntas por un mundo mejor y puedo asegurar que no todas votaremos lo mismo. Reflexionen sobre ello.
La misoginia salvaje que se gastan algunos puede, en más de una ocasión, reportarnos oportunidades de aprendizaje que, visto lo barato que salen estas cosas, conviene aprovechar en el sentido más pedagógico posible.
Tanto la Ley Integral contra la Violencia de Género, como la Ley para la Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres, dedican una parte de su articulado a la imagen pública que de las mujeres se difunde en los medios de comunicación. Una piensa que esto debe obligar, de alguna manera, a las personas que escriben sus opiniones en estos medios de comunicación. Es decir, periodistas, columnistas, escritores y escritoras deberían considerar como una obligación profesional el respeto a las normas básicas que estas dos leyes establecen al respecto de la imagen de las mujeres, la difusión de publicidad y opiniones que alienten la violencia de género, por ejemplo. Una espera que este tipo de colaboración con la sensibilización social, que tanto necesitamos para acabar con la lacra de la violencia de género, se produzca de manera voluntaria porque ¿quién va a querer que se mate a las mujeres? Parece lógico pensar que ninguna persona o medio de comunicación va a hacer una apuesta ideológica por esto, ¿verdad?
Pero nada de esto pasa con normalidad, y resulta bastante frecuente encontrar opiniones expresadas brutalmente contra el dictado del propio sentido común en este terreno.
Por ejemplo, hoy he tenido la mala suerte de encontrarme con esta frase:
Bien. Esto es apología de la violencia de género. Decir que una mujer que no cumple con el mandato de género de ser una señora, “como las de antes”, merece la muerte, es hacer apología de la violencia de género, por mucho recurso metafórico que uno calce. Especialmente si esta frase se coloca en el contexto de una reflexión sobre la utilidad de la imagen de las mujeres para deleite del sentido de la vista del sexo masculino. (ver artículo completo)
Quien lo dice, por lo tanto, utiliza su libertad de expresión como un vehículo para justificar la utilización de la violencia en aquellos casos en los que las mujeres se comportan de forma diferente a lo que los hombres esperan de ellas, para su propio deleite. Definitivamente, esto es incitación a la violencia de género.
¿Debería la Ley actuar en este caso? Tendremos opiniones para todos los gustos. De hecho tenemos ejemplos sociales sobre la diferente calificación que nos merecen los delitos de opinión. Mi propia opinión, en este caso, es que, al menos, debería tener la suficiente condena social para evitar (evitarnos) el padecimiento de encontrarnos a este tipo de personajes que se muestran ufanos y orgullosos de oponerse a lo razonable en este terreno. Me gustaría sobre todo que hubiera respuesta de los propios medios de comunicación para que decidan, de una vez por todas, que no todo vale debajo de una firma pretendidamente prestigiosa.
Me siendo profundamente ofendida por este artículo, me imagino que no soy la única. Por mi parte, y en espera de que decidamos colectivamente tomar mejores medidas al respecto, creo que el uso que le voy a dar a las novelas de estos dos payasos (en su acepción de gente poco seria) a quienes no pienso volver a ni a leer ni a nombrar, es calzarme los zapatos que me destrozaron los pies en la última boda y, cual caballo percherón, aplastarlas -¿acaso no pisoteamos a las cucarachas?- hasta que no puedan leerse ni las tapas. (Perdón, ya se me ha desbocado la libertad de expresión, pero si usted cree que mi opinión es menos tolerable que la arriba recogida, hágaselo mirar. Fin de la clase práctica.)
Hay cosas que no pueden dejarse pasar ni en vacaciones.
Un juez de Murcia, famoso ya por su bajo nivel de tolerancia al uso de la libertad por parte de terceras personas, decide que lo del artículo 14 de la constitución, eso de la no discriminación por opción sexual, no va con él. Decide que su propio criterio al respecto de la protección de menores, vale más que todo nuestro ordenamiento jurídico. Aprovecha una ocasión que le brinda un caso de custodia, que tantos espectáculos nos está ofreciendo esta temporada, para decir que, según su criterio, la simple sospecha de una relación lésbica, es suficiente para quitarle la custodia a la madre. Lo hace en contra de la Ley, y nos regala en el texto de la sentencia su particular visión de la vida al respecto.
Pasando por alto el hecho de que es la segunda vez en menos de dos meses que un juzgado decide dar crédito por encima de las pruebas materiales a la opinión del padre (Manresa y el SAP), podríamos decir que hasta aquí, estamos en presencia de un episodio más del Poder Judicial contra los avances sociales. Este juez ya tiene experiencia al respecto.
Afortunadamente en este caso, el órgano de gobierno de los jueces, el Consejo General del Poder Judicial, ha decidido actuar con la apertura de un expediente disciplinario. Así todo el mundo nos hemos podido enterar de que el Juez Ferrín, puede anteponer sus creencias y valores, a cambio de una sanción que oscilará entre 300 y 3.005 euros.
Así yo acabo de entender porqué se producen tantas sentencias exóticas, en las que nos han regalado los oídos sobre cómo recibir la Ley a puerta gayola y capotear por las verónicas de mis propios valores lo comunmente acordado. El problema no es que haya jueces como este, que afortunadamente son minoría. El problema es que el sistema que debería protegernos a todas las demás personas de episodios como este, no funcione.
Sale barato insultarnos a todas las personas a la vez. No me atrevo a decir más, pues me consta que al revés, no funciona de igual manera.
Porque estamos convencidas de que otro mundo es posible. Porque sabemos que sólo apuntando hacia cambios sociales que están más allá de la imaginación de la mayoría, lograremos un mundo mejor para todas las personas. Porque pensamos que la presencia social de las mujeres es imprescindible en cualquier tipo de manifestación social, cultural o política, estamos con las Korsarias de Vallekas. El día 15 de julio, desde el Bulevar, a las cinco en punto de la tarde, estrenamos fragata, en la ya tradicional Batalla Naval de Vallekas.
Traer el mar a Vallekas, defender el activismo y presencia social de la ciudadanía organizada en su conjunto y facilitar la participación de las mujeres en todos los ámbitos sociales, nos parecen objetivos que merecen la pena y el apoyo de una organización como la Fundación Mujeres. Colaborar con Pardedos, con el Consejo de las mujeres y con las mujeres del barrio es un placer.
Si, además, conseguimos pasarlo bien, el mar, la igualdad y la utopía, estarán cada vez mas cerca. No os lo perdáis.
A veces las cosas pasan demasiado deprisa y no siempre hay tiempo para mantener el tono positivo de reflexión que procuro en la mayor parte de mis notas.
En estos últimos días han pasado muchas cosas que tienen, a mi juicio, una gran incidencia sobre los avances que en los últimos años se han realizado en relación con la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres. Se han estado realizando valoraciones sobre la Ley Integral contra la violencia de género, pero han pasado otras muchas cosas. Repito, no hay tiempo para una reflexión pausada pero creo que es importante distribuir algunas informaciones de interés. Aquí van:
Tengo una amiga que utiliza la expresión cervantina de “ladran,… luego cabalgamos”. Es cierto, pero no es el momento de ser autocomplacientes, necesitamos consolidar avances. Es necesario distribuir adecuadamente la información y trabajar en contra de retrocesos que, a todas luces, son posibles. Reflexiones para otro día.
No sé que pensar. No tengo ni idea de que es lo que Eduardo Mendoza quiere decirnos con su columna titulada "Hombres". Tras un recorrido histórico, del que podía discutir muchos aspectos, sobre la mejora en la posición social de las mujeres en relación con el acceso y el disfrute de sus derechos como ciudadanas, encontramos este párrafo final:
"Hombres reunidos por el azar, obligados a entenderse y cooperar al margen del organigrama, conscientes de la irregularidad de la situación, unidos por el desconcierto, la incompetencia, la indecisión, la timidez y un poquito de peste a bar de tapas sin extractor de humos y a ropa usada más horas de la cuenta."
Una nueva categoría que, según el autor, ha surgido como consecuencia de lo anterior. Me faltan muchos datos en esta columna, muchas opiniones del propio autor para poder comprender lo que quiere decirnos. Algunos ejemplos:
No entiendo nada.
En el Museo de Pesas y Medidas de París hay dos vitrinas, que yo siempre imagino una al lado de la otra. En una, hay una barra hecha con una aleación de platino e iridio que tiene dos finas marcas, entre las cuales hay, exactamente, un metro. En otra, un cilindro, también de platino e iridio, cuya masa es, exactamente, un kilogramo.
Son estas cosas de nuestra EGB, que no sabes por qué te quedan marcadas a fuego en la memoria y que, recurrentemente, se te cruzan en la cabeza. Cosas completamente inútiles porque díganme ustedes, para que quiero saber yo que esa barra y ese cilindro son un metro y un kilo, si no puedo utilizarlas ni para medir ni para pesar.
No obstante, recuerdo y me asalta esta imagen cada vez que oigo hablar de La Mujer. Son muchas las veces que, en conversaciones informales, he dicho esto de que, hay algunas personas que cuando hablan de La Mujer, en realidad se están refiriendo a un prototipo humano que se encuentre preservado en una urna, que yo me imagino al lado de la del metro y el kilogramo, en el Museo de Pesas y Medidas de París.
El conocimiento no ocupa lugar, pero nos juega este tipo de malas pasadas oníricas.
Después de asistir el otro día a unas jornadas sobre igualdad de oportunidades en las empresas, en las que se habló prácticamente de forma exclusiva de la necesidad de apoyar a la familia para que sus miembros puedan compatibilizar familia y trabajo, la neurona donde guardo la rima del platino y el iridio volvió a activarse. Y sin querer, he añadido una nueva urna a mi colección particular: La Familia.
Y es que, en ocasiones, escucho hablar de La Familia, como si fuese un prototipo de convivencia humana cuyo modelo inmutable hay que preservar, en tanto institución básica del Estado. Me pasa lo mismo que cuando escucho lo de La Mujer. Porque digo yo que siendo una mujer y teniendo una familia, debería sentirme cuando menos un tanto representada en estos dos prototipos, pero no es así. Me pregunto a cuanta gente, por una u otra causa, le pasa lo mismo. Y es que, en este caso, lo cuantitativo es muy importante, a ver si vamos a estar preservando un modelo que no sólo no podemos utilizar directamente para medir, sino que ni siquiera es válido como patrón de comparación de la mayoría. ¿Se imagina ustedes que la susodicha barra parisina fuese en realidad más corta de lo que creemos? Menudo chasco y menudo lío.
Ya hay una amplia literatura feminista sobre el hecho de que no existe la mujer sino las mujeres y también sobre que no existe la familia sino familias. No obstante, hay mucha gente, e incluso en ocasiones, algunas políticas públicas, que siguen insistiendo en el valor institucional de esta unidad de convivencia afectiva, sin mayores consideraciones sobre los miembros que la componen.
Y entonces pienso. Yo tengo una familia, soy parte de ella. Las personas que la formamos tenemos dos cosas: un acuerdo democrático y libre de convivencia y unos lazos afectivos basados en la voluntad de cada uno de los miembros. En mi familia hay menores, pero entre todas las personas adultas que la formamos, hemos llegado al acuerdo de asumir equilibradamente las responsabilidades que la Ley nos atribuye hasta el momento de su completa madurez, desde el más estricto respeto a sus derechos y opiniones, considerados en el marco de su edad y del resto de los derechos y obligaciones de ciudadanía que cada miembro tiene reconocidos y asignadas.
¿Qué quiero yo para mi familia? Que cada una de las personas que la forman sea feliz, pero no sólo por la relación mutua que mantenemos (el mundo es mucho más grande que mi casa), sino porque cada una de nosotras pueda hacer un uso efectivo de sus derechos plenos de ciudadanía, incluso si es dependiente.
Esto es lo que quiero como apoyo de los poderes públicos y de la sociedad, que a cada una de las personas que vivimos en mi casa, no nos generen conflictos innecesarios y que nos ayuden eficazmente a resolver los que tengamos, que para lo demás, el cariño, el calorcito y la solidaridad intrafamiliar ya nos vamos organizando, mientras todos los miembros queramos.
Por eso prefiero las iniciativas y los planteamientos que ven a las personas, cada una con su realidad, su contexto y sus problemas, cada una de ellas sujetos de obligaciones y derechos, y no a instituciones o prototipos humanos inexistentes. Por eso prefiero que se apoye el ejercicio de los derechos de las personas y no a una institución básica del Estado, para que dentro de ésta a quien dios se la dé san pedro se la bendiga.
No se preocupen tanto por las obligaciones y derechos de las familias, al menos de la mía, que si no me lo ponen muy difícil yo, y las personas que viven conmigo, cumpliremos puntualmente con nuestras obligaciones, como personas responsables que somos. Preocúpense de cada una de nosotras. Probablemente es puro egoísmo; esta visión responde a mi sistema de valores. Pero también responde a mi incapacidad de encontrar acomodo en la versión del prototipo familiar de la urna.
Definitivamente, le pasa algo a mi neurona en la que guardo, celosamente, el metro y el kilo. Tendré que hacer terapia.
Licenciada en derecho, especialista en políticas de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, especialmente en el mercado laboral.
Directora de la Fundación Mujeres desde el año 2001.