Solemos decir que la voluntad política es determinante a la hora de aplicar los compromisos en materia de igualdad entre mujeres y hombres, pero el ejemplo de la configuración de la Comisión Europea, nos ha demostrado que la cosa se complica cada vez más.

Si hubiera sido por la cosa de la voluntad política la cosa pintaba bien. Había un compromiso de Juncker de configurar la primera comisión europea con composición paritaria, es decir, con un mínimo de un 40% de presencia de mujeres.

Pronto vimos que el compromiso y la intención de Juncker no iba a servir de mucho ante la determinación de los Estados miembros, particularmente de los más grandes, entre los que se incluye España, de mantener una propuesta de candidatos a comisarios con tan sólo propuestas masculinas.La única excepción ha sido Italia, cuya candidata Federika Mogherini, no ha tenido problema en hacerse con el puesto de representante de la política exterior de la Unión.

Pero ni este ejemplo ni las ofertas del propio Juncker intentando “sobornar” a los Estados con una oferta de mayores responsabilidades para aquellos que hicieran una propuesta de candidatas, parecen haber tenido efecto. Los principales, los grandes de la Unión no han respondido a la llamada y han mantenido sus nombres iniciales.

El resultado es que la propuesta de Juncker ha conseguido incluir tan sólo 9 comisarias de los 28 miembros de la comisión. Una participación que se queda lejos del porcentaje mínimo del 40 % y que aunque al menos iguala el número de mujeres de la anterior legislatura, supone un retroceso en términos relativos porque en realidad la nueva Comisión tiene un miembro más que la anterior, un puesto más que será ocupado por un hombre.

Queda aún recorrido ya que este colegio de comisarios y comisarias no se confirmará hasta el mes de noviembre y ha de ser examinado en el Parlamento europeo, donde puede haber algún debate sobre la idoneidad de cada uno de los candidatos y donde seguramente se cuestionará la falta de paridad en la propuesta de Juncker.

También habrá algún intento de incidencia política de la sociedad civil por parte de organizaciones feministas, que ya han puesto en marcha peticiones a favor de una Comisión paritaria tanto en España como a nivel europeo, pero lo cierto es que, aunque hay algún precedente, es difícil que se vaya a producir ninguna modificación significativa.

Queda el consuelo de saber que Juncker ha mantenido su intención de dar un mayor protagonismo a las mujeres en la distribución de las responsabilidades y que, por ejemplo, en el caso de la propuesta española a favor de Miguel Arias Cañete, su responsabilidad en materia de cambio climático y energía, estará coordinada y supervisada por una de las vicepresidentas , la eslovena Alenka Bratusek, que se ocupará de la política energética en el nuevo equipo.

Así que finalmente debemos convenir que la voluntad de los líderes políticos puede que, a veces, no resulte suficiente para conseguir el objetivo de una presencia equilibrada de las mujeres en los puesto de poder y responsabilidad política. Eso sí, uno de los efectos que en este caso ha tenido la falta de contribución a una composición paritaria por parte de España es el sugerente hecho de que el comisario Cañete tendrá una jefa. Esperemos que en esta situación su superioridad intelectual no le vuelva a jugar una mala pasada. Y lo digo en serio.

Publicado en el Blog Ellas de @Elmundo.es