A estas alturas seguro conocerán que el pasado día 20 de diciembre, se presentó en el Consejo de Ministros un primer informe sobre elANTEPROYECTO DE LEY ORGÁNICA PARA LA PROTECCIÓN DE LA VIDA DEL CONCEBIDO Y DE LOS DERECHOS DE LA MUJER EMBARAZADA (PDF), que el Ministerio de Justicia llevaba preparando prácticamente desde el inicio de la legislatura.

A estas alturas, seguramente, están al tanto de las diferentes reacciones que el anteproyecto ha provocado en los diferentes ámbitos, por lo que resumiendo, diremos que se trata de un anteproyecto que sólo ha concitado el favor explícito de la conferencia episcopal y los grupos ultracatólicos en España, y la felicitación de uno de los representantes más significativos de la ultraderecha europea, el francés Jean-Marie Le Pen.

Por el contrario, la mera presentación del anteproyecto ha puesto en el punto de mira al Gobierno de España de una parte importante de la prensa y la política internacional. The Times dedicaba al tema un editorial titulado “Abuso de Poder”, en el que advertía que las restricciones propuestas por este anteproyecto podían dañar la salud y la vida familiar de las mujeres españolas. También hemos recibido las críticas del Gobierno francés, cuya Ministra de los derechos de las mujeres y portavoz del Gobierno, Najat Vallaud-Belkacem, no sólo ha considerado que estamos ante un retroceso, sino que ha calificado la reforma como inquietante.

En el territorio patrio las reacciones no han sido mucho mejores y se han extendido a lo largo de todas las navidades. Se han manifestado abiertamente contra el anteproyecto, profesionales sanitarios, especialmente relacionados con la ginecología y el diagnóstico prenatal y las dos principales asociaciones profesionales del ámbito de la psiquiatría como son la Asociación Española de Neuropsiquiatría y la Sociedad Española de Psiquiatría.

No sólo ha reaccionado el ámbito sanitario, personalidades y autoridades del ámbito de la ética, como Victoria Camps, personalidades políticas de relevancia internacional como Federico Mayor Zaragoza, o autoridades en el ámbito del derecho, como Enrique Gimbernat, el pasado martes, en este mismo diario, que han puesto en evidencia no sólo lo innecesario de la reforma, sino la chapuza jurídica que supone el contenido de este anteproyecto.

Ni siquiera el patio particular del Partido Popular, cuya Secretaria General, Dolores de Cospedal, dijo apenas unos días antes de la presentación del Anteproyecto que el partido no sabía nada del tema, se ha quedado al margen de las reacciones. Han sido muchas y significativas las voces críticas con la reforma, pero además el tema ha excedido de la mera opinión para convertirse en un tema de confrontación política (¡en el PP!), que ha requerido llamadas continuas de atención relacionadas con la disciplina, y que ha sido la causa del rifirrafe protagonizado por Monago, Presidente extremeño, repentino defensor de los plazos, contra Fabra, Presidente valenciano.

Pero no se equivoquen, ninguna de estas reacciones puede haber sido una sorpresa, especialmente tras un proceso tan largo y cansino como ha sido la preparación de este proyecto ultrasecreto y reservado hasta el pasado día 20 de diciembre. Cada una de estas reacciones estaban más que anunciadas, ventaja que representa un debate que cuenta con más de 30 años de antigüedad, al menos en España, y que coincide casi plenamente con las posiciones de la población en las encuestas de opinión. Además, pocos días después, con cierto sospechoso retraso, conocimos las últimas cifras del aborto en España que, esta vez sí, plantean una clara disminución del número de abortos practicados en el año 2012, con la aplicación de la actual Ley.

Por lo tanto la pregunta es por qué. Cuando se pisa un charco lo más normal es que se salpique y se ponga todo perdido. Puede que el actual Gobierno, en pleno, -porque a estas alturas y vista la dureza del contenido del anteproyecto ya nadie puede creerse que esto sea una “gallardonada”, por muy ufano que se siga mostrando el Ministro-, haya valorado mal la profundidad del charco y la velocidad y el alcance de la salpicadura. Poco creíbles resultan en este contexto las declaraciones de la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría o de la Ministra Mato sobre lo “cómodas” que se sienten con la reforma, sobre todo viendo los equilibrios de una Secretaria General, Dolores de Cospedal, para no manifestarse sobre el contenido del anteproyecto, en una rueda de prensa de ayer mismo.

Queda por delante un duro y áspero debate que será largo por la pura lógica de los tiempos legislativos. Tiempo habrá, por tanto, de comentar el contenido chapucero e imposible de esta propuesta que, a pesar de los esfuerzos del Presidente Rajoy por evitar el debate, o la reciente oferta de mejorar el anteproyecto hecha ante el Comité Ejecutivo Nacional celebrado ayer, para acallar a los propios, dará mucho que hablar tanto dentro como fuera de España.

Más allá de las evidentes críticas al contenido cabe preguntarse si el PP y el Gobierno se han metido en un charco político que no sólo va en contra de la opinión social mayoritaria y de los principales ámbitos profesionales implicados, sino que no pueden manejar y que les va a dar más de un disgusto en cada paso del proceso legislativo que tenemos por delante, dentro y fuera de su propio partido.

A ver si va a ser que, tácticamente, esta agrupación ocasional de individuos a la que llamamos Gobierno, también son un desastre. Por intentar comprender, digo.

Publicado en el Blog Ellas de @ElMundo.es