Casi un año después del debate, intenso,… que perdimos…, sigo pensando lo mismo. La custodia compartida impuesta sin el acuerdo de ambos cónyuges es un elemento de discordia y conflictividad familiar post ruptura matrimonial, y una herramienta para profundizar en la desigualdad entre mujeres y hombres. Sigo pensando que tratar de forma igualitaria situaciones profundamente desequilibradas de partida, solo lleva a incrementar las diferencias sociales entre mujeres y hombres y poner obstáculos en el camino hacia la igualdad.

Que nadie se llame a engaño, la custodia compartida no es una medida que facilite la inserción laboral de las mujeres separadas y divorciadas que, desde hace ya muchos años, tienen una tasa de actividad similar a la masculina. Por contra, ofrece a los hombres “no negociadores” una herramienta de presión muy eficaz para la rebaja de las pensiones y/o conseguir la venta de la vivienda familiar, por ejemplo.

Me encantaría poder decir que vivimos en una sociedad en la que el interés de los hombres y las mujeres por la atención y cuidado de sus hijas e hijos está equilibrado, pero esto no es cierto. Tenemos que cambiar la sociedad, cambiar los valores sociales, los de los hombres y también los de las mujeres, para poder compartir la vida de forma equilibrada, y en ello estamos.

Estos cambios necesitan, en muchos casos, de regulación específica que apoye la creación de condiciones sociales en las que poder desarrollar relaciones de igualdad. Pero si las condiciones no existen, como sucede en el caso de la asunción de las responsabilidades de atención y cuidado a menores y otras personas dependientes, no se pueden imponer decisiones sin considerar las profundas diferencias de partida entre mujeres y hombres, que, lejos de mejorar sus condiciones de vida, quiebran su derecho a vivir sin conflicto.

Sigo, como hace un año, desconfiando de quienes prefieren que la custodia compartida se imponga, en lugar de sentarse a negociar. Pero además, ahora desconfío de representantes de la judicatura que se sienten capaces de imponer a una mujer, a un hombre y a niñas y niños, las condiciones cotidianas de convivencia, que se sienten capaces de entrar, sin pudor alguno, hasta la cocina de nuestras casas y de nuestras vidas, sin apenas conocernos, sin considerar nuestros deseos y sin responsabilidad sobre las consecuencias que sus decisiones puedan tener en nuestras vidas. Nos hacen trampas, nos dicen que es posible negociar custodia compartida con una ex pareja, como argumento para imponerla al resto de las personas, sabiéndose incapaces de hacer cumplir lo dispuesto en sus sentencias cuando de separaciones y divorcios se trata. ¡¡¡Serán tramposos/as!!!