En relación con el debate planteado por el diario El Mundo, sobre la posibilidad de que la jornada de reflexión de las próximas elecciones generales, coincida con el día 8 de Marzo, he publicado este artículo, en la edición impresa de ese diario, el pasado domingo 26 de agosto.

Un día por encima de la confrontación partidista.

La Ley Electoral prohíbe la celebración de actos con finalidad electoral desde las 00:00 horas del día anterior de la celebración de unas elecciones. La respuesta de si resulta conveniente o no la coincidencia del día de reflexión de una elecciones generales con el 8 de Marzo, Día Internacional de las Mujeres, tiene que ver, necesariamente, con la naturaleza y finalidad de los actos que celebramos las mujeres de todo el mundo justo ese día.

El día 8 de marzo es el día de las mujeres de a pié. El día de las mujeres que construyen, desde lo cotidiano y con su esfuerzo de reivindicación de la igualdad, un mundo más justo para los hombres y las mujeres. Es un día de conmemoración, reflexión y reivindicación que se ha consolidado plenamente, que lleva más de 90 años instalado en los calendarios, por encima de fronteras y diferencias culturales, sociales, lingüísticas y, por supuesto, políticas. De hecho se trata de un día alentado por Naciones Unidas, junto con el movimiento internacional de las mujeres. En España, se lleva celebrando este día de forma ininterrumpida desde hace más de 30 años. El 8 de marzo no se convoca. Existe, está ahí para recordar a todo el mundo que es necesario seguir trabajando por la igualdad, la justicia social y los derechos de las mujeres en todo el mundo.

Resulta razonable dudar sobre la conveniencia o no de autorizar manifestaciones de contenido político en un día de reflexión. Resulta razonable pensar que determinado tipo de peticiones, manifestaciones o reivindicaciones de carácter social, aún en el caso de estar promovidas al margen de la participación de los partidos que concurren a las elecciones, pueden tener una clara finalidad electoral. Pero hay cuestiones que están más allá de las disputas electorales domésticas. Objetivos comunes que deberían ser asumidos y respetados por encima de la confrontación partidista.

No debería haberse planteado un problema de incompatibilidad política entre una jornada de reflexión con un día de conmemoración internacional como el 8 de Marzo, porque no existe. El debate sólo puede pretender crear confusión general en relación con dos cuestiones: Por un lado intentar desacreditar al movimiento de mujeres estableciendo una relación directa entre las reivindicaciones de las mujeres y los intereses electorales de la izquierda, argumento enormemente reduccionista y que le hace muy poca justicia a las intenciones de las personas y las organizaciones que apoyan estos actos en todo el mundo. Por otro, abrir la posibilidad de utilizar el día de reflexión para otro tipo de reivindicaciones sociales que, convocadas de forma oportunista, sí pueden llegar a tener una clara finalidad electoral, como si una conmemoración internacional, a punto de celebrar su centenario, pudiera ser comparada con cuestiones de contenido doméstico y coyuntural.

No veamos fantasmas donde no los hay. Las organizaciones de mujeres no le vamos a decir al Presidente del Gobierno cuando tiene o no que convocar elecciones, no es nuestro cometido y creo que no tenemos nada que decir, mientras no se perjudique el normal desarrollo de las actividades previstas para ese día. Yo estaré en la Manifestación del 8 de marzo, celebrando los avances conseguidos por las mujeres en todo el mundo, acompañada por otras personas que queremos seguir trabajando juntas por un mundo mejor y puedo asegurar que no todas votaremos lo mismo. Reflexionen sobre ello.