Hay ámbitos que tradicionalmente han estado vedados a la participación de las mujeres. En muchas ocasiones, más por cuestiones simbólicas que reales, porque lo cierto es que las mujeres, siempre nos hemos movido por casi todas partes, aunque la visibilidad y el reconocimiento son otra historia.

Por ejemplo si pensamos en mujeres y póquer es posible que las imágenes más recurrentes estén relacionadas con el strip-poker, o con la exuberancia hipersexual de las acompañantes de casino. Pero será difícil que se piense en buenas jugadoras de póquer y, sin embargo, las hay. Las hay especialmente desde los años 90, seguramente aprovechando el inicio del juego on-line y creo que sobran las explicaciones del porqué. Buenas, agresivas, de nervios templados por poner algunas características que parece que tienen que acompañar esta práctica que empieza a ser considerada casi deportiva. Incluso tenemos campeonas y profesionales españolas, algunas con un gran palmarés.

En algunas entrevistas que he leído de mujeres que se dedican a este juego, se suele repetir la pregunta de qué hace una chica como tú en su sitio como este. Ellas suelen responder hablando de pasión, concentración, matemáticas e intuición, vamos lo mismo que dicen ellos. Sólo me han sorprendido dos comentarios al respecto del desequilibrio. El primero de un experto que dice que, en realidad, el hecho de que sean menos es una ventaja ya que llaman menos la atención y tienen más libertad de acción. El segundo de una jugadora hablando de su ventaja psicológica cuando se sienta en una mesa llena de hombres. “Yo sé de antemano lo que ellos están pensando de mí”. Interprete cada cual.

Otro ámbito de participación complicado tradicionalmente para las mujeres es el mundo del vino. En este caso las mujeres siempre han estado presentes en los procesos de recolección, producción y comercialización, (piensen en la Viuda de Clicquot), pero nuevamente eran pocas y, en muchas ocasiones ocultas en la estructura familiar titular de los negocios. Sin embargo esta relación evocará en muchas personas dos referentes míticos. El primero Manolo Escobar cantando eso de “viva el vino y las mujeres”. El segundo no tan mítico como mitológico es la certeza de que la menstruación es capaz de arruinar una buena cosecha.

Pero lo cierto es que al abrigo de la formación universitaria relacionada, la titularidad de negocios familiares que han pasado de padres a hijas, o simplemente por iniciativa emprendedora, las mujeres se están instalando en el mundo de la enología y lo están haciendo muy bien. Cuesta verlas, porque es difícil encontrarlas en las fotos de concesión de premios o certámenes de las denominaciones de origen, pero busquen en los márgenes de las fotos, porque allí están, en muchos casos recogiendo galardones y reconocimientos a tareas más que bien hechas.

Lo están haciendo tan bien en todos los campos, que la cosa da para certamen propio. Este año se celebra la V edición del Concurso Nacional Vino y Mujer, con reconocimiento en el calendario oficial de concursos nacionales desde el año pasado. Su objetivo es poner en valor los vinos elaborados por bodegas donde la mujer ocupa puestos de responsabilidad y su jurado está compuesto exclusivamente por mujeres expertas en la elaboración y producción del vino.

Es lo que tienen los estereotipos y creencia sexistas. La mayor parte de las veces no tienen nada que ver con las mujeres. Sólo consiguen que sean menos visibles y que la tarea sea un poco más dura. Y si no que se lo pregunten a bodegueras, enólogas y catadoras*.

* Nota de la autora: Pido disculpas a la RAE por utilizar la palabra catadora, no reconocida en el DRAE, pero es que el significado de catador como hombre que cata no me servía para este artículo.

Publicado en el Blog Ellas de Elmundo.es