Cuando era pequeña y apenas empezaba a relacionarme con las cuestiones de la militancia feminista y las organizaciones de mujeres, circulaba un slogan que decía: “Las niñas buenas van a cielo, las malas a todas partes”.

Aún hoy me parece uno de los mensajes más transgresores que he escuchado en mi vida, no en vano somos muchas las que nos hemos educado bajo valores que condicionan el comportamiento de las mujeres y que nos cargan, por ejemplo, con la culpa de un mal acometimiento de la maternidad si decidimos incorporarnos a trabajar demasiado pronto después de ser madres, o con la censura a la ambición profesional y el liderazgo de las mujeres. En este contexto, el slogan no tiene el significado aparente de animarte a ser mala, sino de que no te importe que los demás piensen que lo seas por querer ir a todas partes. Bonito ¿no?

La cosa tiene más glosa, pero viene a cuento de alguno de los análisis que se han hecho sobre la participación de mujeres y hombres en el nuevo Gobierno. Quienes se han manifestado siempre abiertamente en contra de los mecanismos legales para garantizar la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres, particularmente en los puestos de responsabilidad política, han visto la oportunidad y se han apresurado a hacer dos cosas simultáneamente. La primera alegrarse y poner en valor la falta de paridad en el Gobierno. La segunda señalar y poner en valor los méritos personales de las mujeres que forman parte de ese Gobierno.

Los que hayan leído “No pienses en un elefante” de George Lakoff, ya saben de lo que va esto. Para quienes no lo han leído, simplemente decir que la pendiente resbaladiza que pretende esta iniciativa es la siguiente:Las mujeres con auténtica valía no necesitan de las cuotas porque llegan a los puestos de responsabilidad por sus propios méritos, ergo sólo aquellas que no tienen auténtica valía personal defienden las cuotas, ya que si no fuera por ellas nunca llegarían a nada. Simple ¿no?

Se consiguen dos cosas. La primera, generar dudas en las mujeres a la hora de mostrarse partidarias de erradicar los evidentes obstáculos que persisten en los mecanismos de acceso a los puestos de responsabilidad, ya que nadie quiere aproximarse a un pensamiento que lleva implícito el reconocimiento de la propia falta de competencia personal. Les pasa incluso a los y las más torpes, ¿o no les han contado a ustedes el cuento del traje nuevo del emperador?

La segunda, conseguir una desacreditación automática de quienes sí las defienden, ya que quienes escuchan los argumentos a favor piensan inmediatamente que lo hacen porque son torpes y no poseen méritos suficientes para destacar por ellas mismas. Así, algunos análisis han llegado a sugerir que las mujeres con auténtica valía son de derechas. Y sin pestañear.

La cosa no es ni tan siquiera original, aunque reconozco que difícil de contestar y de encontrar eco social, cuando hay tanto voluntario dispuesto a su difusión. Pero hay dos cosas que faltan en este marco conceptual tan bien construido.

La primera es la propia Ley Orgánica para la igualdad efectiva 3/2007, que en su artículo 54 dice que en los órganos colegiados de la Administración General del Estado, y se podría considerar que el Consejo de Ministros es uno de estos órganos, se realizarán los nombramientos de acuerdo con el principio de presencia equilibrada de mujeres y hombres, salvo por razones fundadas y objetivas, debidamente motivadas,disposición que el actual gobierno incumple al no llegar al mínimo del 40 por ciento del sexo menos representado. La segunda, es que ya hay muchas mujeres que, desde pequeñas optamos por la versión de ser malas, así que fíjense ustedes lo que nos importa que digan que somos torpes cuando decimos que el actual gobierno incumple la recomendación legal de aplicación del principio de participación equilibrada y que creemos que eso es malo para la democracia. Y todo ello, sin necesidad de desacreditar a nadie, felicitando a las nuevas ministras por su cargo, sin duda, merecido al menos por el momento, y recordándoles que muchos de los que las dicen que son muy buenas, es que sólo las quieren en el cielo, que vete tú a saber dónde está eso y cómo se gestiona desde allí un Ministerio.

Publicado en el Blog Ellas de Elmundo.es