Mañana es 25 de noviembre, el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 1999.

Desde las instituciones se anuncia diferentes actos y planes de acción que nos recuerdan que esto es una pandemia social que afecta a mujeres de todo el mundo, de toda clase y condición. Los datos de ONU-Mujeres, estiman que 6 de cada 10 mujeres han sido víctimas de violencia física o sexual en el transcurso de sus vidas, en su gran mayoría por parte de sus esposos o compañeros. Recientemente, la presidenta del observatorio de la violencia de género del Consejo General del Poder Judicial, hablaba de un millón y medio de españolas afectadas por este tipo de violencia.

Datos escalofriantes, sin duda, que deberían comprometernos a todas las personas con una posición activa contra esta lacra social, contra sus causas y sus consecuencias. Son muchas las medidas que se proponen desde diferentes instituciones y organismos de carácter nacional e internacional y hace mucho tiempo que sabemos que las fórmulas necesariamente pasan por la prevención, la protección y la articulación de servicios de apoyo para la reparación del daño.

Pero las propuestas institucionales no bastan. Hablamos de un cambio social profundo que afecta por supuesto a la consideración de los derechos de las mujeres, pero especialmente a la forma de entender las relaciones entre mujeres y hombres, particularmente en el marco de las relaciones afectivas, y esas las construimos entre todos y todas.

Tras años trabajando en educación para la igualdad y prevención de la violencia de género, aún sorprenden opiniones de chicas y chicos sobre el significado de las relaciones de pareja. La pervivencia de mitos que ligan las relaciones afectivas con el control, los celos, los sacrificios extremos y el abandono del propio ser en manos del otro, están muchas veces en el origen de la incapacidad de responder de forma temprana a las señales de una relación que puede convertirse en una relación violenta. Sorprende que conceptos como el de respeto, igualdad, libertad, apoyo y ayuda mutua, no aparezcan en el primer lugar de las prioridades de una relación de pareja.

En definitiva, queda mucha tarea, tarea que no sólo está relacionada con la intervención sobre los casos de violencia de género, con las medidas de protección y atención a las víctimas y con las respuestas institucionales, sino con las posibilidades de cambiar el futuro para nuestras hijas e hijos.

Por eso, más allá de apoyar los mensajes institucionales que nos dicen que hay que hacer caso a las señales, que no hay que consentir relaciones basadas en la respuesta a los celos y en el control de la persona amada, les propongo que mañana hagan un repaso por los referentes positivos que conocen y los difundan. Personalmente, y a propuesta de un amigo, mi banda sonora de mañana seráLibre te quiero de Amancio Prada. Pruebe a tararear mañana aquello de alta te quiero, como chopo que al cielo se despereza. Pero no mía. Blanca te quiero, como flor de azahares sobre la tierra. Pero no mía. Pero no mía, ni de Dios ni de nadie, ni tuya siquiera. Si usted tiene pareja de esta nuestra edad, verá que bien. Si tiene adolescente a cargo seguro que conseguirán que les miren con esa cara de espanto que ponen ante la certeza de estar ante una antigualla del siglo pasado. En ese preciso instante arránquense a ritmo de Hip-Hop con cualquiera de las canciones de D´Noe, sugiero Siempre es por él”, o inténtelo con HueccoSe acabaron las lágrimas o con Luna de Nata de su último disco. Hay muchas más. Afortunadamente cada vez hay más referentes culturales que hablan del amor y la convivencia en otras claves, esenciales para la prevención de la violencia de género. En realidad siempre los ha habido. Sólo es cuestión de creérselos y empezar a usarlos.

Publicado en el Blog Ellas de Elmundo.es