Felicidades y enhorabuena. Contamos con un nuevo instrumento legal que va a contribuir al desarrollo del derecho a la igualdad de todas y todos.

En realidad hoy no debería decir nada más, pero ha llamado mi atención la argumentación que ha hecho el Partido Popular para justificar su abstención en la aprobación de esta Ley.

Hace tiempo que tengo ganas de escribir una nota sobre el tema de la paridad, sobre todo porque creo que se han confundido las medidas de la Ley de Igualdad en este sentido. Es cierto que, para defender la presencia de mujeres en puestos de responsabilidad, se comenzó trabajando con la reserva de espacios de participación que debían ser ocupados por mujeres. Se fijaron porcentajes y se acuñó la denominación de "La Cuota".

De eso hace muchos años, algunas, entonces, sí éramos jóvenes. Ya sabemos que el tango dice que veinte años son nada, pero hay que tener muy febril la mirada para ignorar los enormes avances ocurridos en los últimos veinte que hemos vivido. Algunas, incluso, nos hemos hecho mayores y también han evolucionado mucho las medidas para garantizar los derechos de participación social y política de las mujeres.

Pero a lo que vamos, esta Ley, que tienen muchos otros contenidos diferentes tan importantes y significativos como la paridad, no hace una propuesta de aplicación de cuotas. No establece espacios reservados a la participación de las mujeres. Lo que hace es algo mucho más grande y espléndido; redefine el principio de representación, incorporando como condición necesaria para una representación válida y ajustada a derecho, la participación equilibrada entre mujeres y hombres (la ya famosísima horquilla del 40%-60%).

Introduce, por tanto, un nuevo principio, el de la presencia o composición equilibrada entre mujeres y hombres, tal y como puede leerse en su  preámbulo. Este principio, además, es de aplicación tanto en el ámbito público como en el privado, ya que las obligaciones que se recogen en la misma son, también, de obligado cumplimiento para todas y todos. Tanto en lo público como en lo privado garantiza no sólo la presencia, sino la la imparcialidad y la justicia en la elección de los representantes y el acceso a los puestos de responsabilidad. Terminamos de esta manera con la aplicación de  la acción positiva universal a favor de la participación masculina en la política y en la sociedad en su conjunto, contra la que hemos venido luchando las mujeres desde hace ya mucho tiempo.

Lamento profundamente que este equívoco nos haya privado de una aprobación unánime de esta Ley, que contiene otras muchas medidas, y cuyo correcto desarrollo va a necesitar de un amplio consenso social. Me hubiera gustado, además, que no se hubieran quedado fuera las listas electorales de los municipios menores de cinco mil habitantes, pero esto no podrá durar mucho tiempo.

La cuota ha muerto….Viva la Democracia.