No debería, pero resulta imposible no hablar de violencia contra las mujeres en el 8-M, día internacional de la Mujer, según la ONU.

No debería porque la violencia de género (según el Convenio de Estambul) no es un problema exclusivo de las mujeres. El daño de esta violencia se extiende más allá del perjuicio que sufre la víctima. Atrapa en la espiral del daño a sus hijos e hijas y sus familias. Sus efectos representan costes generales: pérdida de talento y horas de trabajo, esfuerzo institucional para la protección, la sanción y la recuperación de las víctimas, costes médicos para abordar las secuelas, por citar solo lo evidente.

Y, por último, no debería, porque a estas alturas, desde que decidimos abordar el problema, deberíamos tener resultados palpables y no seguir lamentando la pérdida en término de vidas de mujeres y de estabilidad y seguridad de sus hijas e hijos.

Como todos los años, tenemos evidencias que lamentar. El asesinato de una mujer en Madrid, pero también el apuñalamiento de una niña en un régimen de visitas con su padre, acusado de maltrato, en Zamora. Son los casos más graves de la última semana en la que otras muchas mujeres habrán denunciado y otras tantas no lo habrán hecho,
a pesar de haber sido agredidas por sus parejas o violadas o acosadas por extraños, y cientos de niñas y niños habrán tenido que ver a su padre maltratador, incluso si claman por no querer verlo.

Así que no queda más remedio que seguir dedicando parte del 8-M a denunciar que no, que basta ya, que ni una más, que un maltratador no es un buen padre y que el interés del menor nada tiene que ver con darle a tu padre la oportunidad de que te apuñale.

El Parlamento Europeo debate en este momento un informe sobre derechos de custodia que podría ser determinante. Ya era hora. A ver si el próximo 8-M podemos pasar de la denuncia y el lamento, a la celebración de los avances efectivos, especialmente por nuestros niños, por nuestras niñas.

 

Artículo publicado en La Vanguardia el 8 de marzo de 2021. Ver el artículo en la fuente original