Tras el paréntesis vacacional que espero haya sido reconfortarte y estimulante para todo el mundo, parece que nos espera un otoño cargado de problemas y tensiones. La mayor parte de los temas que vamos a tener en la agenda informativa y política seguramente van a tener mucho que ver con la crisis económica.

Para quienes hemos trabajado durante los últimos años en cuestiones relativas a la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, resulta un tanto decepcionante que, justo en el momento en el que hemos conseguido normativa suficiente para el desarrollo de medidas a favor de la igualdad en el ámbito social, el contexto económico no apoye el desarrollo de las mismas.

Aunque hay posibilidades de que una crisis de estas características, que tiene una relación directa con las deficiencias de un modelo productivo que, además, es responsable de la discriminación de las mujeres en el mercado laboral, se convierta en una oportunidad de cambio que facilite la mejora en el acceso y permanencia de las mujeres en el empleo, por ejemplo, lo cierto es que muchas de las medidas que se están poniendo en marcha, persiguen el apuntalamiento de este modelo y, por lo tanto, caen en los mismos problemas de discriminación por razón de sexo que el modelo original. Miren si no, los datos de contratación del famoso plan de obra pública.

No faltarán quienes digan que fundamentalmente esta crisis está afectando al empleo masculino, por lo que es necesario que las medidas se centren en recuperar el empleo perdido en sectores que se han resistido a la incorporación de las mujeres. Es cierto que, si miramos las diferencias entre mujeres y hombres en las cifras de empleo, esta crisis está consiguiendo lo que muchos años de bonanza económica no lograron; la diferencia entre las tasas de desempleo masculina y femenina apenas se distancian en un punto en los últimos datos publicados en la EPA. Desde luego esta no era la forma de conseguir equilibrar la participación de hombres y mujeres en el desempleo, pero la solución tanto para la crisis económica como para la situación de las mujeres en el mercado laboral, no puede ser recuperar las diferencias anteriores. Por esto, muchas de las medidas que se proponen, que no tienen en cuenta cambios relacionados con la igualdad de oportunidades, no son válidas y sólo nos volverán a colocar en el punto de salida del mismo problema”¦ otra vez, tanto en lo relacionado con el modelo económico como en la participación de mujeres en este modelo, obsoleto y agonizante que periódicamente reclama ingentes sacrificios económicos y sociales para sobrevivir. (Aunque es cierto que hay gente que sobrevive sobradamente son las “œimprescindibles primas” que el sistema requiere”¦)

Me pregunto, con la legislación en la mano, porqué no se están aplicando medidas que podrían impulsar pequeños cambios en los tradicionales modos de gestionar las relaciones laborales en las empresas, y, en general, sobre los obstáculos a la participación económica de las mujeres, como la financiación de sus negocios. Muchas de las medidas para el impulso de la igualdad tienen que ver con la eficacia y la eficiencia en la gestión de los recursos humanos y el aprovechamiento del capital humano. También tienen que ver con adaptaciones del sistema productivo a las necesidades reales de las personas, que pueden ser aprovechadas para crear riqueza y empleo. Además, en la mayor parte de los casos no llevan aparejados grandes esfuerzos ni grandes inversiones, aunque sí un talante innovador que, en una situación como la actual puede ser un valor y un impulso extra hacia la salida del túnel.

Ligar las ayudas previstas para las empresas al cumplimiento de obligaciones recogidas en la Ley para la igualdad efectiva, podría ser una fórmula que evitaría que tengamos que esperar tiempos mejores para continuar trabajando contra la discriminación por razón de sexo en el mercado y las relaciones laborales. Analizar como se están distribuyendo entre mujeres y hombres los recursos que se están poniendo a disposición de las empresas y de particulares es, también, imprescindible, sobre todo, para no tener que encontrarnos con escenarios tremendamente desequilibrados, que seguro nadie desea, una vez las cosas se han ejecutado. Pero, para ello, hay que utilizar, adecuadamente, los instrumentos y herramientas que la propia legislación ha establecido como obligatorias. Los poderes públicos y el resto de los agentes que están participando en la toma de decisiones y negociación de las medidas, han de entender que la transversalidad de las medidas a favor de la igualdad, no entiende de coyuntura económica ni debe tener excepciones. No son un estorbo en esta situación, al contrario, son un nuevo recurso y pueden ser una oportunidad.

Nos hemos reencontrado, más guapas, más morenas. ¨-¿Qué tal las vacaciones? ““Bien, gracias ¿Y las tuyas? ““Pues ya sabes; cortas”¦ Volvemos a la tarea.