Este ha sido el título del encuentro que hemos diferentes organizaciones pertenecientes a la Red de Mujeres Africanas y Españolas Por un Mundo Mejor, en Nairobi la semana del 1 al 5 de junio.

Desde el inicio de mi relación con esta Red, no he dejado de aprender y, cada uno de los encuentros representa para mí la oportunidad de acercarme al trabajo y la realidad de las mujeres en África. Mujeres impresionantes, que tienen iniciativas y trabajan a favor de otras mujeres, en este caso, mujeres empresarias que son capaces de superar los enormes obstáculos que para ellas tiene la vida cotidiana, y que cuentan experiencias de enorme valor. También compañeras de organizaciones españolas, que estamos intentando aprender nuevas cosas para superar las distancias geográficas, lingÁ¼ísticas y culturales y poder trabajar a favor del desarrollo de los derechos de las mujeres en Africa.

Nadie duda que el desarrollo social y, especialmente el desarrollo económico de todo el continente, está íntimamente relacionado con la situación de las mujeres. Sin embargo hay una reflexión que no puedo evitar hacer. No se si la frase el futuro de África depende de las mujeres, tiene el mismo significado en los diferentes contextos en los que está siendo utilizada.

Desde las organizaciones que trabajamos en la defensa de los derechos de las mujeres desde las posiciones ideológicas del feminismo, nos queda claro que la presencia de las mujeres en el diseño de las políticas debe ser enunciada en primera persona. De hecho el empoderamiento es eso.

El empoderamiento en el ámbito económico, por lo tanto, tienen un significado que va más allá de promover simplemente que las mujeres participen en la actividad económica, sino que esa participación debe construirse desde presupuestos de igualdad de oportunidades y de trato. Y en este punto, el enfoque se complica. Sólo la aplicación de la perspectiva de género de forma adecuada, en el marco de la igualdad de derechos de mujeres y hombres, garantiza el resultado de las intervenciones en relación con los derechos de las mujeres.

En el caso de la participación de las mujeres en el tejido económico, particularmente cuando hablamos de creación de empresas, esto pasa por el desarrollo de estrategias en diferentes ámbitos:

  • Empoderamiento personal: Del perfil y la actitud de las propias mujeres que desean (porque tienen que desearlo) montar una iniciativa empresarial.
  • Empoderamiento empresarial: Que pasa necesariamente por construir iniciativas empresariales de mujeres no sólo viables en el nivel de subsistencia, sino con capacidad de crecimiento y generación de riqueza.
  • Empoderamiento Político: Creación y fortalecimiento de redes de mujeres y posicionamiento de las mujeres empresarias en los círculos de toma de decisiones políticas y económicas.

Pero es una estrategia combinada, no puede trabajarse sólo el ámbito personal, como erroneamente creen en muchas ocasiones las políticas de desarrollo económico cuando hablan de las mujeres. Y esto pasa aquí, allí y en todas partes.

Como cada vez que comparto foro con las mujeres africanas, no deja de sorprenderme cuán cerca estamos en los itinerarios, las necesidades y los objetivos a pesar de las distancias y las diferencias del contexto en el que trabajamos. De hecho estas ideas que acabo de exponer, bien podrían ser las conclusiones de los dos primeros días de encuentro de esta reunión. He de decir que se parecen mucho, al contenido de mi última de intervención sobre la necesidad de fortalecer las iniciativas de creación de pequeñas y medianas empresas de mujeres en España, que hice con motivo de la firma del convenio de Microcréditos, dos días antes de irme a Nairobi.

Pero llegó el tercer día, el de la microfinanzas y el enfoque cambió. Las mujeres siguen siendo protagonistas, pero en calidad de usuarias principales de la microfinanciación. No es del todo evidente, pero en contexto no específicos de igualdad, parece como si las mujeres pasaran de ser protagonistas a elementos necesarios de éxito. Por ejemplo, me dejó muy impresionada que en este foro se definiera micronegocios como “œuna actividad informal que produce renta”, sin que se aprecie en el contexto ninguna crítica al hecho de que el ámbito informal es una trampa para las actividades de las mujeres, que limita su posibilidad de crecimiento y desarrollo. No lo digo yo, desde mi indudable posición cultural de blanca occidental ciudadana de país desarrollado, lo han dicho ellas, mujeres africanas que están peleándose para ser reconocidas como empresarias de pleno derechos en sus respectivos países.

Las mujeres africanas son buenas clientas. Los microcréditos que reciben son devueltos puntualmente y normalmente invierten en beneficio de su propia familia/comunidad. Esto lo tiene todo el mundo claro. Especialmente claro lo tienen quienes están pretendiendo dotar de sistema financiero a los países africanos. Aplaudo el intento de la cooperación internacional al desarrollo, especialmente a la española, por los esfuerzos que se están haciendo. Pero de nada nos servirá si este reconocimiento no se traduce en una mejora de la posición social de las mujeres. Ya hay datos del WWB que indican que en el momento en que la microfinanzas supera el nivel de subsistencia las mujeres dejan de ser las beneficiarias mayoritarias quedando reducidas a un 16 por ciento del total. Otra vez el mismo error.

Si las mujeres son el futuro de África, será porque el futuro de las mujeres africanas es mejor. Ellas deberán ser protagonistas de las iniciativas de desarrollo y crecimiento que vayan surgiendo y no sólo del suelo de subsistencia para superar la pobreza extrema. Hay empresarias africanas que pueden ser promocionadas para generar riqueza en sus países, pero necesitan apoyo y mecanismos de crédito que vayan un poco más allá de la mera subsistencia familiar. Lo dicen ellas, pero como aquí, les cuesta hacerse escuchar.