Lo cierto es que el tema me produce cierto desasosiego. Me cuesta fijar una opinión entre otras cosas porque siempre que puedo, intento no mostrar opiniones contra los comportamientos de las mujeres.
Pero en este caso, y gracias a que empezamos a tener posibilidad de establecer comparaciones con comportamientos masculinos en la misma situación, voy a mostrarme crítica con la imagen que las esposas de los mandatarios mundiales han dado en la cumbre del G-20.
Creo que el papel de las mujeres en la política, aunque todavía enormemente escaso, ha cambiado considerablemente, por lo que la imagen de mujeres cuyo papel es el de acompañantes de sus maridos, resulta un anacronismo que, como les digo, me causa una gran incomodidad estética, incrementada por el hecho del seguimiento que la prensa rosa hace de lo que denominan la cumbre paralela.
Que mientras sus maridos discuten sobre los problemas económicos del mundo, ellas elijan cuidadosamente la vestimenta con las que se nos mostrarán al resto del mundo y tienen una apretada agenda social y de entretenimiento, pero que además esto sea noticia, definitivamente no me gusta.
Cuando ellos han de ocupar este papel, declinan. Así lo han hecho los cónyuges de las Presidentas de Argentina y Alemania, a quienes ni siquiera podemos nombrar llamar por un título genérico. ¿Qué son? ¿Los “œprimeros caballeros”? ¿Los “œprimeros damos”? Lo que no se nombra no existe. Y esto también tiene que ver mucho con mi incomodidad. No está previsto que las mujeres participemos en la política de alto nivel. A regañadientes nos abren los espacios, entre otras cosas, porque nuestra sola presencia revela que las disfunciones sobre la igualdad real y efectiva siguen siendo muchas.
Seguramente, estos dos señores tienen cosas más importantes que hacer. La señora Espinosa y la Señora Bruni, también. Bien por ellas, sea lo que sea lo que tuvieran que hacer, seguro que era más importante que ir colgando del brazo de sus maridos.