Algo deben tener las redes sociales, cuando alientan comportamientos, declaraciones y defensa de ideas que difícilmente serían posibles desde una posición analógica.

Leo que un concejal de un municipio gallego, Moraña, responsable de igualdad, para más señas, no tuvo inconveniente en dedicar el calificativo de “mala zorra” a la presidenta de la Diputación de Pontevedra, eso sí, en su perfil de facebook.

Paso por alto el hecho de que el concejal de Igualdad por el Partido Popular de Moraña, junto con su arrepentimiento nos ha colocado un argumento sobre por qué, a su docto entender, su desafortunado e injustificable desliz no es fruto del machismo de su pensamiento: él no puede ser machista porque es padre de una hija y lo será pronto de otra que “viene en camino”. Sin comentarios.

Me cuesta imaginar una situación no virtual en la que un concejal de igualdad de un municipio cualquiera se plantara delante de cualquiera de las mujeres que presiden cualquiera de las diputaciones españolas, pocas por cierto, y le dijera “eres una mala zorra”.

Yo diría que incluso el hecho de que las redes exijan un esfuerzo adicional de escribir, debería ser suficiente para que se activaran algunas prevenciones sobre el comportamiento social y el respeto a las más básicas convenciones para la convivencia. Pero no.

Seguramente la sensación de impunidad que produce el hecho de escribir determinadas cosas fuera de un contexto que vaya a producir una asunción inmediata de consecuencias, junto con el anonimato que facilitan el empleo de perfiles que no revelan la identidad personal, favorecen la proliferación de algunas barbaridades sin que aparentemente se pueda poner coto a estas manifestaciones.

Por eso me ha alegrado sobremanera este twit de @policia:

Al menos ahora sabemos que poner en 140 caracteres cosas como “53 asesinadas por violencia de género machista en lo que va de año, pocas me parecen con la de putas que hay sueltas” bien merecen una denuncia, una actuación policial, y una primera calificación de este hecho como lo que es: un delito de odio y enaltecimiento del terrorismo.

Probablemente esto no nos libre de todas las manifestaciones machistas que se producen vía internet, pero es un paso para ir calificando esa creciente necesidad que algunos tienen de recurrir a lo más rancio del ataque sobre las mujeres y sus derechos para hacerse notar.

Precisamente también acabo de conocer un movimiento de “machismo radical”, -me cuesta hasta escribirlo-, que bajo la idea de la supremacía de los hombres sobre las mujeres, defiende cosas tan “interesantes” como que las mujeres no deberíamos votar o la despenalización de la violación. El “retorno de los reyes”, le llaman a esto y amenazan con celebrar reuniones de individuos, hombres claro, que se identifiquen con lo que denominan “una nueva masculinidad” basada en la exaltación de la heterosexualidad y la negación de aspectos básicos de los derechos individuales de las personas, eso sí, sólo de mujeres y hombres que no respondan a la norma heteropatrialcal. Vamos, que la nueva masculinidad responde a los criterios más casposos del patiarcado de toda la vida, pero en Internet.

No estoy muy segura de que las redes sociales sean las culpables de la proliferación de estas ideas, pero sí lo son del hecho de que muchos medios se hayan hecho eco de una convocatoria para exibición de testosterona, bajo métodos que parecen sacados de una película mala de espías durante el tiempo de la guerra fría, por si alguno no se había enterado. No doy más detalles, por lo de los tres cuartos y el pregonero, pero espero que las instituciones estén a la altura.

Mucho trabajo tiene @policia por delante. Así que, concejales y concejalas de Igualdad de los pueblos de España: hagan el favor de comportarse y, al menos ustedes, lleguen solos a la conclusión de que un insulto es un insulto, que el machismo suele manifestarse diciendo que las mujeres somos, todas o una sola de nosotras, unas zorras, y que pensar y reivindicar que nos maten, nos violen, nos quiten el voto a las mujeres, es, además de rancio machismo, un discurso de incitación y exaltación del odio, por mucho que se haga para reafirmar la propia identidad, o por muchas hijas, hermanas o madres tenga uno.

Publicado en el Blog Ellas de @Elmundo.es