Cerrando el ordenador  para irme a casa una hora más tarde de lo que hubiera sido razonable, suena el teléfono:

– Buenas tardes. Llamo para saber su opinión sobre una sentenciaque se ha dictado hoy en Almería que ha condenado a un maltratador, que estuvo durante tres días humillando y agrediendo a su mujer, a un año y nueve meses de prisión cuyo cumplimiento se suspende, un alejamiento de 200 metros y unos 143 días de trabajos en beneficio de la comunidad.

 

– Buenas tardes. Lo siento pero no entiendo la pregunta. ¿Exactamente sobre qué aspecto de esta sentencia le interesa mi opinión?

– Bueno es que la sentencia dice que el condenado agredió a su mujer en la calle, le arrancó la ropa, la encerró en su casa, la obligó a comer de la basura, la amenazó con un cuchillo delante de sus hijos, le preguntó si quería ser la proxima víctima de la violencia de género, la intimidó arrojándo todo tipo de objetos a su alrededor y todo esto durante tres días.

 

– Ya. Terrible, sí, pero sigo sin entender la pregunta.

 

– Pues queríamos saber si no le sorprende una pena tan baja para unos hechos tan graves. Porque el maltratador no va ir a la cárcel. Hemos pensado que igual las asociaciones de mujeres querríais decir algo al respecto.

 

– Ya. Pues este tipo de penas es habitual en los casos de violencia de género en los que no se producen lesione graves. Normalmente en estos casos los agresores no van a la cárcel.

 

– Ah. No lo sabía.

 

– Pues sí. La mayoría de las penas de violencia de género se suspenden y gran parte de ellas se cumplen a través de penas sustitutivas como lo de trabajos en beneficio de la comunidad. Las asociaciones de mujeres llevamos mucho tiempo diciendo que este tipo de penas muchas veces no garantizan la adecuada protección de las victimas. Tengo por aquí los datos de instituciones penitenciarias sobre cumplimiento de condenas en los casos de violencia de género. Si queréis os los mando para que veáis la situación.

 

– Bueno, muy interesante, pero no. Sólo queríamos saber su opinión sobre este caso concreto. Muchas gracias.

 

– A usted. Hasta otro día.

 

La conversación está un tanto “tuneada”, pero en esencia es real, y no es la primera vez que la mantengo.

Nos han convencido tanto de que la Ley contra la violencia de género se está dedicando a meter injustamente a miles de hombres en la cárcel, que no me sorprende la sorpresa cuando se pone el foco informativo sobre un caso como éste especialmente morboso, imagino que por lo de la basura.

¿Cómo es posible que un señor que hace cosas tan horribles no vaya a entrar en la cárcel? La respuesta en sencilla: porque la mayoría de los condenados por agredir a sus parejas no entran nunca en la cárcel, incluso cuando en los hechos probados de la sentencia se recojen claramente las agresiones que se han producido. Muchos de los hombres que finalmente son encarcelados lo son por el incumplimiento de la pena de alejamiento, es decir, normalmente por volver a intentar humillar, agredir, acosar, amenazar a sus víctimas.

Durante los últimos años le he dedicado un rato a intentar ver cómo se cumplen las condenas de violencia de género que se dictan en los tribunales, precisamente para intentar determinar si las condenas contribuyen a cumplir con su fin social no sólo en relación con el castigo del hecho delictivo, sino con la reinserción del agresor y la protección y reparación del daño de la víctima. Supongo que los casos y los datos que he ido conociendo hacen que no me sorprendan sentencias como ésta. He visto cosas peores. Como por ejemplo sentencias absolutorias en las que amenazas y humillaciones evidentes son juzgadas como gestos de mala educación, o en las que se pone en duda la agresión a pesar de las lesiones probadas porque nadie, salvo la víctima, claro, estuvo presente.

Será este recorrido y conocimiento lo que me impide entender a la primera una pregunta sencila y el hecho de que no cumpla las expectativas en mis declaraciones. Tal vez. Pero voy a hacer un ejercicio de optimismo y superación del espíritu de la semana del Blue Monday y me voy a quedar con que si este tipo de condenas se conocen más, si se consigue que más gente se sorprenda, se escandalice un poco y genere opinión fundada sobre cómo se aplica la ley y el resultado real de las penas en casos como éste, tal vez se comprendan mejor conceptos como la tutela penal reforzada. A falta de evaluación institucional y oficial sobre este tipo de aspectos, que tanto tienen que ver con la protección de las mujeres y sus oportunidades de salir de la violencia de género de forma definitiva, el conocimiento por parte de la sociedad y la construcción de una opinión pública al respecto podría ayudar. Podría.

Así que manos a la obra. Me apunto en la lista de tareas lo de ser más insistente con lo de los datos la próxima vez que me llamen de un medio para hacer declaraciones y abandono la contemplación de la tabla de “La Virgen de la Humildad” de Fra Angélico. Me había enterado gracias a una amiga que esta preciosa tabla estará pronto en el Museo del Prado, y me había parecido que su visión era una buena excusa para reflexionar sobre la evolución de la exaltación de la maternidad en la historia de la humanidad tan de moda en la actual coyuntura. Pero necesito algo más de marcha. Me disculpen, voy a leerme un par de sentencias que me están esperando.

Publicado en el Blog Ellas de @Elmundo.es