En este año, en el momento en el que estoy escribiendo este artículo, la Delegación del Gobierno para la violencia de género (no saben cuánto me incomoda ese “para” ocupando el lugar de un “contra”), del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, por este orden, informa de un total de 44 víctimas mortales de delitos de violencia de género confirmadas y otras 4 más en investigación. Informa de 40 menores huérfanos por la violencia de género e informa de 3 menores víctimas mortales de la violencia de género, confirmadas, 5 más en investigación.

Cifras escalofriantes, que no obstante no reflejan la totalidad del daño que originan este tipo de asesinatos, por dos cuestiones. La primera es que hay más personas, además de las propias mujeres asesinadas, que han sido víctimas mortales en la ejecución de los crímenes que algunos hombres cometen contra sus parejas o exparejas; una amiga en Cuenca, un novio en Logroño, una madre en Lliria, un jefe en Nijar, entre otros casos según el recuento más amplio de daños asociados a la violencia de género que realiza www.feminicidio.net. Casos que si bien figuran en las cifras oficiales de homicidios y asesinatos generales en España, no se evaluarán de forma oficial junto con las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas, ocultándonos una parte del daño ocasionado por la violencia de género.

La segunda, es que el daño de la violencia de género en las relaciones afectivas tiene cifras mucho más altas que el número de las víctimas mortales, que no por repetidas una y otra vez hay que dejar de mencionar. Hay una cifra sostenida de entre medio millón y seiscientas mil mujeresque declaran haber sido víctimas de la violencia de género en el último año, según las encuestas que se realizan al respecto, hay casi 130.000 denuncias anuales, según el Consejo General del Poder Judicial, hay más de 30.000 mujeres con órdenes de protección, de acuerdo con los datos del Ministerio de Justicia.

Decía el físico, matemático y astrónomo inglés Isaac Newton en lo que conocemos como la Primera Ley de Newton, que si no se aplica ninguna fuerza a un cuerpo, o la resultante de las fuerzas que se le aplican es nula, éste no modificará su estado. Esta resistencia y oposición que todos los cuerpos muestran a cambiar su estado, ya sea de reposo o de movimiento recibe el nombre de inercia.

Me encanta este principio de la física, porque además, sirve también para explicar procesos sociales. Si lo llevamos al contexto de la violencia contra las mujeres y de los datos que conocemos, podríamos decir que, en una situación en la que en la última década nunca se han producido menos de51 asesinatos al año de mujeres a manos de sus parejas, más de un millar desde 1999, esta situación se mantendrá mientras no apliquemos la fuerza suficiente para cambiar ese estado de cosas.

Y no lo hemos hecho, o al menos, lo que se ha hecho desde la sociedad, el poder judicial o las instituciones responsables, no ha sido lo suficientemente contundente para oponerse a las fuerzas que empujan en sentido contrario, lo que producen un resultado inapreciable o nulo de cambio social. No en vano la palabra inercia proviene en su etimología del vocablo latino “inertia” que significa pereza, flojedad, inacción, desidia o incapacidad.

Las concentraciones azarosas de asesinatos en unos pocos días que se producen de tanto en cuanto, no me parecen un repunte, no me creo que respondan a hechos coyunturales o que les pueda dar una explicación causal en un momento dado. En realidad creo que son fruto de la inacción y la incapacidad, de la inercia social que los permite. Los datos y los análisis que hacemos de ellos, nos dan acceso a una terrible bola de cristal que nos indican que, por pura flojedad, más que probablemente más de 50 mujeres serán asesinadas por sus parejas en el año 2016, cifra a la que habrá que sumar, entre 3 o 4 menores en el mejor de los casos y al menos 5 o 6 personas que las acompañaban o que quisieron defenderlas en el momento del crimen. Al año que viene.

No saben lo que supone para muchas mujeres tener esta certeza. A nosotras se nos llaga el alma, decía Virginia P. Alonso hace unos días, cuando pensamos que entre las víctimas han podido o podrán estar nuestra madre, nuestra hermana, una amiga o esa compañera de colegio a la que no ves desde hace años.

Así que no, no me hablen de repuntes como si esto fuera una sorpresa inesperada, vamos a hablar de principios de la física y de qué es lo que vamos a hacer para que las cifras de mujeres asesinadas este año por sus parejas o ex parejas no superen el medio centenar. Vamos a hablar, también, sobre qué tenemos previsto para que al año que viene no vuelva a pasar lo mismo debido a nuestra flojedad y la pereza que nos da poner en su sitio a quienes nos causan este daño. Hablemos de cómo evitar, que mi amiga, su hermana, la madre de la vecina o ese niño que juega en el parque, ocupen un puesto en esta lista macabra.

Miles de mujeres y hombres salimos a la calle el 7N para gritar contra la violencia de género. Pocas horas después la ineficacia de una orden de protección, facilitó que un “presunto” asesino que ya le había roto varias costillas a su pareja en una paliza anterior, acabara con la vida dedos mujeres el Lliria. Dos fuerzas que se oponen y que producen un resultado nulo. No hay repunte, hay sistemática y una inercia, que nos rompe el alma.

Publicado en el Blog Ellas de @ElMundo.es