El próximo sábado 7 de noviembre, se celebrará en Madrid la Marcha Estatal contra las Violencias Machistas, una convocatoria que ha sido promovida por el Movimiento Feminista y que a pocos días de su celebración cuenta con el apoyo de más de 350 organizaciones sociales, partidos políticos y sindicatos mayoritarios tanto de ámbito estatal como de las diferentes comunidades autónomas.

Han sido varios meses de organización, en los que han participados cientos de organizaciones y probablemente miles de personas que además han conseguido movilizar tanto el apoyo popular como el institucional ya que han sido muchos los ayuntamientos y otras instituciones que han firmado y hecho públicas mociones de apoyo a esta iniciativa y a demandas que justifican esta Marcha.

Tenemos un problema con la violencia que se ejerce contra las mujeres. Una década de aplicación de una Ley innovadora y valiente, pero escasamente dotada, no sólo no ha contribuido a encontrar soluciones sostenibles y duraderas para erradicar la violencia de género de las relaciones afectivas, sino que parece que en los últimos años está alimentando un clima de resignación que ha renunciado a sacar de nuestra vida cotidiana los trágicos asesinatos de mujeres que nos sacuden la conciencia de vez en cuando, que ha renunciado a resolver las dificultades judiciales y sociales que enfrentan las mujeres víctimas sobrevivientes para recuperar su vida, que se rinde ante la posibilidad de erradicar el acoso sexual, las violaciones y los abusos sexuales del paisaje social cotidiano.

Pero, como ya ha sucedido en otras ocasiones, desde ese magma de riqueza ideológica infinita y compleja que conforma el Movimiento Feminista, nuevamente no nos resignamos. Somos muchas las organizaciones y las personas que aspiramos a una sociedad en la que la discriminación no exista, y es evidente que la violencia contra las mujeres, su desaparición, es un objetivo prioritario en este camino. Y se puede.

Por eso yo voy a ir a la Marcha del 7N. Porque sé que se puede conseguirerradicar la violencia de género de las relaciones sociales, afectivas, laborales, que mantenemos mujeres y hombres y porque creo que podemos procurar una educación para los chicos y las chicas que destierre la violencia y la desigualdad en la construcción de sus relaciones sociales, afectivas y familiares que construirán a lo largo de su vida.

Eso sí, necesitamos dos cosas. La primera es una implicación social de gran alcance en la que cada hombre, cada mujer, adquiera un compromiso personal con la reivindicación de desterrar la violencia de género de las relaciones humanas. Una implicación que tiene que ser visible y activa. Que tienen que tener gestos en la vida cotidiana que muestren un rechazo claro y decidido para con cualquier gesto de discriminación o violencia contra las mujeres. Que no sólo muestre la salida a las mujeres víctimas, sino que construya un muro frente a los que maltratan, acosan, abusan o asesinan.

La segunda es un compromiso institucional consciente. Las políticas de igualdad y para la erradicación de la violencia de género no pueden limitarse a ser meros gestos estéticos que no abordan la raíz del problema. No pueden meras declaraciones políticas sin contenido en un rincón de los programas electorales. No pueden ser sólo minutos de silencio o declaraciones de condena o meras recomendaciones y consejos a las víctimas con indicaciones que les muestran una puerta que conduce directamente a un laberinto imposible en el que no se garantizan la seguridad y los derechos de las víctimas ni de sus hijas e hijos.

Tenemos un sistema judicial que duda de las mujeres, un sistema de protección policial con una escasez de recursos más que preocupante, un sistema educativo que no sabe muy bien dónde y cómo meter estas cosas de la igualdad y la prevención de la violencia de género. También tenemos gentes, incluso entre los altos representantes políticos que dudan, que hacen manifestaciones que ponen en duda la existencia misma de la violencia contra las mujeres, que se colocan en la impostura de atacar los derechos de las mujeres desde las posiciones más rancias de los estereotipos machistas de antaño.

La violencia de género es una cuestión de estado, por supuesto. Pero decir esto conlleva responsabilidades de acción concretas. No puede ser que las instituciones y las propuestas políticas se limiten a enunciarlo, a participar de la reivindicación y a compartir la denuncia social sin asumir el firme compromiso de promover actuaciones concretas que combatan los problemas de la violencia contra las mujeres desde la raíz.

En un momento político en el que es casi imposible colocar en la agenda política y las prioridades de comunicación las cuestiones que afectan al bienestar común y que conectan directamente con los problemas de las personas, la sociedad civil que comparte los planteamientos feministas lo vuelve a intentar. Haciendo lo que siempre ha hecho, apelar a las conciencias individuales y mover compromisos institucionales a favor de la construcción de una sociedad donde el bienestar, los derechos y la seguridad de las mujeres importe, y por lo tanto dando un empujón que es imprescindible para acabar con la desigualdad y la violencia de género en todas sus formas. Por todo esto yo, este sábado, me voy de Marcha. Me sobran motivos. Nos vemos.

Publicado en el Blog Ellas de @Elmundo.es