Cada 5 años, la división de estadísticas del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas publica un informe que bajo el título de The World’s Women, presenta un trabajo estadístico sobre la situación de las mujeres en el mundo en diferentes ámbitos sociales. Lo hace desde 1995, el año en que se celebró la última Conferencia Mundial de las Mujeres, en la que se fijaron los grandes objetivos y líneas de acción para conseguir la igualdad entre mujeres y hombres en el mundo.

Hace dos días se presentó el informe correspondiente al año 2015, que analiza las mejoras que se han producido en los últimos años. Pocas sorpresas en los datos. Se ha incrementado la esperanza de vida, tenemos menos hijos o hijas, un tercio de las mujeres a nivel mundial sigue siendo víctima de las diferentes forma de violencia de género, ha mejorado la presencia de las mujeres en todos los niveles educativos, aunque esta participación no se haga notar del todo en la participación laboral o en la autonomía económica de las mujeres. Dedicamos mucho más tiempo que los hombres al trabajo no remunerado, tenemos empleos mas precarios, cobramos menos y mandamos menos, mucho menos.

Las conclusiones son parecidas a las que se han ofrecido en otras ocasiones: Las consecuciones en materia de igualdad se mueven despacio, muy despacio, tanto que algunos de los avances no están en un horizonte temporal razonable y posible para la mayoría.

Cuando se empezaron a hacer este tipo de informes, la cuantificación de algunos de los objetivos de igualdad se fijaban para más allá de 400 años. En esta ocasión algunos objetivos como los de la participación de las mujeres en el poder político y económico no se ven en un horizonte temporal inferior a los 200 años.

Proyecciones como estas demuestran algunas cosas. La primera que las personas que trabajan en la mejora de la situación de las mujeres y en la defensa de sus derechos debemos estar haciéndolo francamente bien. En 20 años hemos conseguido reducir a la mitad las previsiones temporales de la igualdad de género en el mundo. La segunda es que no hay en el mundo quien gane en perseverancia, paciencia y optimismo a las feministas, que ahí seguimos, erre que erre, en la persecución de objetivos que están evidentemente fuera de nuestro horizonte vital.

Claro que también puede ocurrir que dentro de 10 años y dos informes de Naciones Unidas, sólo queden 100 años, y en otros 10, sólo 50. En 20 años más, es posible que hayamos decubierto vida en otros planetas, inventado la máquina del tiempo o la teletransportación y tal vez entonces, el 25 % de los Estados del mundo tendrán una presencia equilibrada en sus centros de poder político y económico, las mujeres no cobrarán menos que los hombres y el cuidado de las personas será una prioridad política. Puede ser.

Qué bonito. Y luego está lo otro, la coyuntura, los programas electorales y las próximas elecciones. Me dicen que un candidato emergente dice que no cree en las cuotas por la tele, que es posible que un retroceso en el aborto se dibuje, otra vez -oh my Good!-, en algunos programas electorales, que si ganan o pierden las posiciones feministas en las medidas que sobre prostitución contemplan otros, que si las mujeres son, están o son plenamente sustituibles en las listas electorales, y que nadie ha entendido que lo del empleo de las mujeres, o se cambia, o no tiene solución. Me preguntan, a menudo, que, como feminista qué pienso de todo esto y de cuál es la reacción en cada caso.

Y no puedo evitar pensar que, teniendo en cuenta cómo son hoy por hoy las cosas de la política, particularmente en épocas electorales, a los objetivos de igualdad y la reivindicación de los derechos de las mujeres siempre habrá quien se sume y quien no. Quien se sume ahora, antes o lo deje para después. Quien lo abrace con entusiasmo cuando le viene bien y dude cuando le viene mal. Quien imposte o lo disfrace, quien no lo comprenda, incluso quien lo repudie o haga bandera de ir a la contra. Quien juegue con tener o no tener el apoyo del movimiento feminista o a las feministas en su seno como ventaja electoral. Habrá. Como habrá mujeres feministas que tengan que vérselas con las tácticas y estrategias políticas y electorales de los partidos en los que militan, a los que representan o desde los que trabajan. Por supuesto que tambien habrá. Pero el trabajo pendiente no está sólo en responder cada vez.

La medida del compromiso con la igualdad de los partidos políticos tiene método, discurso y contenidos concretos. Están explicados hasta la saciedad y se miden en sus previsiones de contribución a los indicadores sociales que por ejemplo se pueden encontrar en los informes que, amablemente, la ONU hace cada 5 años, en la importancia que se concede a las políticas de igualdad y sus instrumentos, en los recursos que se piensan dedicar a su desarrollo y en el empeño que se ponga en reconocer y combatir la discriminación y el valor de la igualdad. Este es el filtro que, además necesita un resultado. Más mujeres participando en la política, el empleo, la educación, la cultura, y con más oportunidades de participación en la riqueza y el desarrollo. Menos mujeres maltratadas, traficadas, asesinadas y menos diferencias en los salarios o los usos del tiempo entre mujeres y hombres, por poner algunos ejemplos.

Ojalá pudiera creer que el empujón definitivo de todo esto depende del nivel de presión o influencia que se pueda alcanzar en un debate electoral a una elecciones generales. Pero será la edad o la fe que le tengo a Ban Ki Moon lo que hacen que me vuelva a concentrar en el marco temporal de los próximos 100 a 200 años, dependiendo de lo que nos apliquemos en la reivindicación, la explicación y la acción y de lo capaces que seamos de mover los compromisos y la responsabilidad de los Estados. Algo más sin duda de lo que cabe en un programa electoral, del reproche que se pueda formular, de la polémica que se pueda levantar.

No, hoy no voy a decir nada de lo que me parecen las propuestas o los silencios de los partidos políticos sobre mujeres y feminismo de la ultima semana. Me estoy leyendo el informe de la ONU. Habrá tiempo.

Publicado en el Blog Ellas de @Elmundo.es