La ausencia de mujeres en los diferentes ámbitos de participación social, política o económica se resuelve en muchas ocasiones con una afirmación contundente por parte de alguna de las personas: Si es que no hay.

Se pretende de esta forma buscar un posicionamiento que aleje a los responsables de la conformación de grupos humanos en cualquier espacio o de la elaboración del relato histórico de una época y de sus personajes principales, de la sospecha de mala fe en la elección de personas o personajes exclusivamente del sexo masculino. De esta forma, quien formula el consabido “si es que no hay”, deja claro que su intención no es la de ocultar, relegar o menospreciar a las mujeres, -nada más lejos de su intención, suelen decir-, y de paso traslada la responsabilidad de la ausencia de mujeres a las propias mujeres, por no estar donde deben.

La utilización de esta expresión no es más que un síntoma de ceguera selectiva que revela que muchas personas no son capaces de ver a las mujeres, especialmente fuera de los ámbitos de participación que se consideran tradicionalmente femeninos, y produce el efecto de distorsionar la realidad y la forma en la que construimos los relatos y la historia, que ha sido contada mayortitariamente por hombres, al parecer fuertemente aquejados por la ceguera siesquenohay.

Ayer, en el congreso de los diputados se aprobó por unanimidad una proposición no de Ley a propuesta de una diputada de Izquierda Unida, que pedía al Gobierno la revisión de los libros de texto en relación con la presencia de mujeres pertenecientes a la generación del 27.

Y dirán ustedes, si es que no hay. Y tendrán razón, no las hay en los libros de texto pero haberlas la hubo. Maruja Mallo, Josefina de la Torre, Rosa Chacel, Ernestina de Champourcin, María Teresa León, Concha Mendez, son algunos de los nombres de las mujeres que compartieron espacio creativo e incluso vital con Lorca, Dalí, Cernuda, Juan Ramón Jimenez o Alberti, una lista de autores que sí figuran en los libros de historia y en los programas académicos.

La razón por la que ellas no han conseguido el mismo renombre que sus cohetaneos tiene que ver con la forma en la que se han recopilado las referencias a su obra. Ellos tenían mejores relaciones y más amigos que elaboraban las antologías poeticas y los libros de historia. Ellos se citaban entre sí y tenían acceso a las tribunas culturales, en momentos históricos donde se discutía el papel y la presencia pública de las mujeres. Y así hasta hoy.

Afortunadamente hay personas e instituciones que están trabajando para reparar estos olvidos y hay dos iniciativas que he conocido esta semana que me han gustado especialmente.

La primera es el proyecto y documental que se emitió el pasado viernes en la 2 de RTVE titulado Las Sinsombrero, que precisamente se centra en poner nombre y apellidos a las mujeres que tambien fueron protagonistas de esta generación creativa del 27. Un documental que, además, es una de las piezas de un proyecto que pretende convertirse en un proyecto educativo de referencia.

La segunda, el proyecto BIESES, es un trabajo de realizado por un grupo de 10 investigadoras, pertenecientes a diferentes universidades, que bajo la coordinación de la UNED, han elaborado una base de datos de acceso on line, que reúne toda la información disponible de las escritoras españolas desde la Edad Media hasta 1800. Y atención a todos los “siesquenohay” del mundo, se han recopilado más de 9.000 registros.

Las buenas noticias para todas las personas aquejadas por la ceguera selectiva, es que tiene cura. Pero el tratamiento requiere que se revisen los textos de referencia del sistema educativo para incorporar los nombres de mujeres. Y no porque sean mujeres, no se equivoquen, hay que reparar este olvido porque, como dice el proyecto de Las Sinsombrero, sin ellas la historia no está completa y sobre todo para evitar que se siga transmitiendo de generación en generación la idea de que las mujeres no han participado de los grandes logros de la humanidad, en este caso en el ámbito de la literatura y las artes, pero también podríamos hablar de las ciencias, la filosofía, la economía, la política o los avances tecnológicos, que también hay.

La ceguera selectiva, el convencimiento de que si las mujeres no están presentes en los espacios públicos o en los relatos de la historia es porque no hay, se aprende. Mujeres hay, siempre ha habido, incluso superando las adversidades de épocas en las que ni siquiera estaba bien visto que escribieran, crearan o pensaran, por lo que las aportaciones que nos han llegado tienen incluso un doble valor. Pero hay que verlas, citarlas, nombrarlas, representarlas, reconocerlas, construir genealogías, estudiarlas, valorarlas, aprenderlas. En fin. Lo de siempre.

Publicado en el Blog Ellas de @ElMundo.es