“Es fácil planificar una guerra, lo difícil es acabarla”. Esta fue una de las reflexiones que ayer hacía Caddy Adzuba, en un acto en Madrid promovido por la Fundación Esperanza Pertusa con la finalidad de recaudar fondos para la apoyar la recuperación de un grupo de 150 mujeres congoleñas, víctimas de la violencia sexual durante la guerra.

Caddy Adzuba es una activistas por los derechos de las mujeres y de la libertad de prensa en el Congo, una labor que ha sido reconocida internacionalmente. El año pasado recibió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia por su labor incansable en la denuncia internacional de las torturas y las violaciones de las que son víctimas las mujeres y las niñas congoleñas y por su trabajo en programas de reinserción de estas mujeres.

Pero su tesón en esta tarea le ha valido también numerosas amenazas de muerte e incluso ha estado a punto de morir asesinada en más de una ocasión. Ayer pudimos escucharla decir que está viva por puro azar y queestuvo a punto de abandonar y venirse a vivir a Europa tras uno de los atentados que sufrió. Estuvo tres meses fuera del Congo, pero volvió porque es allí donde su voz y su trabajo cobran sentido. “En Europa no soy necesaria, en el Congo sí”

No creo que ninguna de las personas que asistimos quedáramos indiferentes ante el relato que nos hizo de cómo la violación de las mujeres en la guerra es una estrategia planificada que tiene como finalidad destruir la base de la sociedad y de cómo no es otra cosa que robarle a toda una sociedad su futuro. Las mujeres violadas son repudiadas y apartadas de sus comunidades, muchas de ellas han visto como mataban a sus familias, a sus propios hijos por negarse a violarlas. ¿Quién se recupera de semejante agresión?

Pero lo mejor de la labor de esta mujer es que, a su tarea cotidiana de trabajo con las víctimas, le suma una visión política de la solución y la reparación de estos conflictos. Nos explicó que una parte importante de la reparación para las mujeres es su participación en la política, pero que hay que esperar a que estén preparadas.

La comunidad internacional le debe una reparación a las mujeres víctimas de la guerra del Congo, como a tantas otras mujeres, miles, cientos de miles de mujeres, que en los conflictos del último siglo se han convertido en víctimas de una estrategia de guerra que las utiliza y las destruyecomo parte de la propia estratégia bélica, sin que haya existido una respuesta contundente por parte de los Estados ni de la comunidad internacional.

No, no es fácil terminar una guerra, que no puede acabar mientras no se repare el daño producido. Pero el interés que muchas veces tienen los estados de incorporar a las fuerzas rebeldes favorece la impunidad de los agresores y de los responsables que ordenan y planifican las agresiones, las violaciones y las torturas de mujeres y niñas.

¿Quién salva a las mujeres del Congo? Le preguntaron ayer a Caddy. Tardó en responder. Las mujeres del Congo estarán protegidas si la Justicia, así, con mayúsculas, hace su trabajo, nos vino a responder. La justicia internacional, claro, porque es difícil poder confiar en la justicia de los estados, no sólo del Congo, no se equivoquen, cuando lo que se busca es la normalización de la convivencia y pasar página. Las víctimas, su reparación y el castigo de los responsables se convierte en un problema.

Pero si su relato y sus respuestas fueron así de intensas, mucho más lo fueron las preguntas que nos hizo. ¿Por qué Europa cierra su corazón a los refugiados del mundo? ¿Es que no saben lo que es la guerra? No creo que nadie en la sala pudiera eludir el sentimiento de vergüenza. ¿Se imaginan que su vecino provoca un incendio en su casa y después se niega a dejarles entrar en su casa?

Y hay más. ¿Se imaginan que una mujer amenazada de muerte en su país por contar lo que pasa y darle voz a las víctimas de crímenes atroces les preguntara qué es lo que están haciendo ustedes? ¿Qué hacen los periodistas en España?, preguntó.

Contaba la semana pasada que en este mes, bajo presidencia española, se va a revisar la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre la protección de las mujeres y las niñas en los conflictos armados y la necesidad de garantizar su participación en los acuerdos de paz. Testimonios como los de Caddy Adzuba y el de otras muchas mujeres activistas en el mundo son esenciales para entender la falta que nos hace garantizar que los objetivos de esta resolución se cumplan. De verdad.

Publicado en el Blog Ellas de @Elmundo.es