Hoy se perpetra, en el Congreso de los Diputados, la reforma de la Ley de salud Sexual y Reproductiva que fue anunciada por el Gobierno del Partido Popular al inicio de esta Legislatura.

Bien es cierto que los términos en los que finalmente se va a llevar a cabo esta reforma, difieren sensiblemente de lo anunciado como parte fundamental de su programa de Gobierno por el primer titular del Ministerio de Justicia, el ministro Gallardón, a quien su empecinamiento con un proyecto de ley de imposible encaje, factura y ejecución, le costó su propia permanencia en el Ministerio.

En este camino emprendido por el Gobierno de poner “más piel” y explicar y conectar mejor con las demandas ciudadanas, hemos terminado por proponer una reforma que tan sólo afecta a la autonomía de las mujeres de 16 y 17 años a la hora de decidir si quieren seguir adelante o no con su embarazo, si no cuentan con el consentimiento de sus progenitores, un elemento mucho más acorde con lo que se recogía con el programa electoral y muy lejos de aquello de prohibir y tutelar la decisión de todas las mujeres que proponía el original proyecto gallardoniano.

La actual reforma, según los datos facilitados por la sociedad civil y por la Asociación de clínicas Acreditadas para la Interrupción Voluntaria del Embarazo (ACAI), puede llegar a afectar a una media de unas 500 mujeres jóvenes al año, que son las que se han solicitado someterse a un aborto sin el consentimiento de sus progenitores.

Un porcentaje muy pequeño de los más de 100.000 abortos que se practican al año en España y que, casi con toda seguridad, se corresponden con mujeres jóvenes en especial situación de dificultad social y desarraigo familiar. Mujeres que, a partir de la aprobación de esta reforma se tendrán que enfrentar a una realidad de los procedimientos judiciales, que hace prácticamente imposible, por una simple cuestión temporal, que ninguna mujer de esta edad y sin el apoyo familiar, pueda llevar a cabo la interrupción del embarazo en el plazo legal establecido.

Pero dejemos aquí una argumentación de sobra conocida y que no ha servido, ni por un instante, para que ninguno de los miembros del Gobierno ni del Partido Popular se pusiera en la piel de las jóvenes que se verán directamente afectadas por la medida. Parece que la piel sólo sirve para algunas cosas.

El desatino que esta reforma ha supuesto a lo largo de toda la legislatura, no acabó ni mucho menos con la dimisión del Ministro Gallardón, sino que, en esta última fase, hemos visto como el Gobierno aprovechaba la iniciativa de su grupo parlamentario para evitar tener que formular un nuevo proyecto de Ley con los informes preceptivos sobre el tema. Hemos vistomovimientos tácticos dentro del propio grupo parlamentario popular para evitar la oposición de sus miembros más conservadores, que continúan seguramente añorando el imposible proyecto descartado, en la comisión legislativa de sanidad y hemos continuado con la misma ceguera frente a la eficacia y los efectos de la norma que se propone.

Y todo esto por no hablar de las advertencias y tirones de orejas que, también en relación con este tema siguen llegando desde Organismos Internaciones como la ONU y que están concitando, además, absoluto consenso en el rechazo por parte de sociedades médicas. El escenario de vulneración de los derechos de las menores y el marco de inseguridad jurídica que continúa dibujando esta reforma es tan evidente, que no podía ser de otra manera.

Seguramente esta noticia no conseguirá el mismo foco de atención mediática que a lo largo de otros momentos de la legislatura. De todo se cansa la gente, la prensa y la opinión pública. Pero este cansancio no significa que hoy, no se vaya a perpetrar el penúltimo disparate del PP con el aborto. Una reforma no necesaria, no demandada, fundamentada en meros intereses electorales, que ha acabado no contando ni siquiera con el apoyo  de aquellos que la demandaban al principio de la legislatura. Se aprobará, sin duda, gracias a una mayoría parlamentaria que en ningún momento ha reflejado ni ha sido representativa de la opinión social sobre este tema. Nos queda el morbo de ver cuántas de sus señorías del Partido Popular abandonarán su escaño en la votación. Lo demás, un disparate que hace bueno el dicho español de que lo que mal empieza, mal acaba.

Publicado en el Blog Ellas de @Elmundo.es