Está una a sus cosas, que tal y como está el patio puede ser alguna de las siguientes.

Siguiendo la rendición de cuentas del Gobierno de España ante el comité de la CEDAW de Naciones Unidas en Ginebra, y escuchando que las explicaciones del Gobierno de España no convencen al Comité, que seguramente nos va a dar un sonoro suspenso en materia de igualdad.

Interesándose sobre quién podrá ser la próxima Fiscala de Sala contra la Violencia de Género y sobre si finalmente primarán los criterios de conocimiento y especialización sobre el tema o los elementos de rango y jerarquía en la elección que tiene que hacer la Fiscala General del Estado.

Sobreponiéndose del espectáculo sobre las votaciones en relación con la reforma de la Ley de Salud Sexual y reproductiva que se está debatiendo en el Congreso de los Diputados.

Intentando comprender la nueva sentencia del Tribunal Constitucional, donde un magistrado llamado Ollero, considera que no vender la píldora postcoital, mejor que lo decida el farmacéutico según sus preferencias personales.

O, incluso, haciendo las cuentas sobre cuántos fondos menos se van a dedicar a programas específicos en materia de Igualdad este año.

En definitiva, está una tranquila y sosegada, con estos calores, abanico en ristre, y escucha que hay un alcalde en Granada que ha dicho que ‘las mujeres, cuanto más desnudas, más elegantes”. Y, así  de primeras lo primero es pensar, “otro pobre a quien le han pillado con el micrófono abierto y haciendo la gracieta del día”.

Pero no, lo peor viene cuando se descubre que las susodichas palabras están dirigidas a un grupo de jóvenes estudiantes, chicas y chicos, y han sido pronunciadas en un acto público de reconocimiento por los buenos resultados obtenidos en el examen de selectividad y con la prensa de cuerpo presente.

Y llámenme rara, o díganme que será el calor del verano, los sofocos de la edad, o que a estas alturas de la legislatura, del año, del verano y de la ola de calor, lo único que me apetece es hacerme un dúo desmelenado y voz en grito con Camilo entonando el  “Y ya no puedo más, y siempre se repite la misma historia”, pero en lo único que puedo pensar desde el momento en que he tomado conciencia de la escena, es de que tenemos gentes, con mando en plaza, para quienes los estereotipos sexistas y rancios forman parte de la gracia de la vida. Y a partir de aquí, de lo de las políticas municipales de igualdad, como en el chiste, mejor ni hablamos.

Seguramente, después de haberse convertido en noticia nacional, el señor alcalde se estará preguntando a qué viene tanto revuelo y seguramente no aprecia la gravedad del lío que se ha montado, total por una tontería que, desde luego, estará pensando, él no decía en “ese” sentido. Él, que como otros protagonistas de excesos verbales antes que él, se declara profundo  admirador de la mujer, y seguro que también de su madre y de la Virgen del Rocío.

Me pregunto cuál será la opinión de alguien así, que casi hace un alegato sobre elegancia y desnudez de las mujeres, cuando las adolescentes que hoy le escuchaban decidan, en unos años, ponerse muy elegantes para llevar a cabo una acción reivindicativa en la capilla de su universidad, en el Congreso o en la tribuna de invitados del pleno del ayuntamiento. Me pregunto si seguirá pensando lo mismo o si, llegado el momento, coincidirá con otros correligionarios de su mismo partido y colegas respetables de fuerzas vivas y poderes públicos, en que, en ese caso, la “elegancia femenina” bien merece una imputación por un delito.

Por favor, que nadie le pregunte al alcalde de Granada su opinión sobre el tema, que hace mucho calor y yo ya no puedo más con la historia de siempre.

Publicado en el Blog Ellas de @Elmundo.es