No he visitado muchos hospitales, afortunadamente. Pero hubo una época en que tuve que recorrer los interminables pasillos de uno de los grandes hospitales de Madrid, para hacerme unas pruebas. Había que recorrer pasillos y dependencias varias por lo que el riesgo de perderse que afrontábamos las pacientes era muy alto. Para prevenir esto, el hospital había pintado unas líneas de colores de forma que cuando pedías instrucción sobre dónde había que ir para continuar con el procedimiento la respuesta era, siga usted la línea amarilla, verde, o azul que estaba pintada en el suelo.

El sistema funcionaba aparentemente bien hasta que un día me tocó seguir la línea de color rojo. La seguí a lo largo de un largo pasillo. Doblé varias esquinas y acabé llegando hasta un montón de cajas bajo las cuales se perdía el rastro de la línea.

En esta semana de pactos para la constitución de gobiernos municipales y autonómicos se ha hablado mucho de líneas rojas. Debe ser por esto que me he acordado de esta vieja historia.

Será por eso que también inicialmente he interpretado que las líneas rojas en el marco de las negociaciones políticas nos podían conducir a un buen destino, y he compartido buenas expectativas con muchas personas que creen en la necesidad de cambios en los gobiernos y en las prioridades políticas. Expectativas que, por hablar de lo mío, incluían recuperar prioridades en materia de igualdad. No me parecía tan difícil considerando que muchos de los pactos tenían como primeros protagonistas a partidos de izquierda y que había sentadas en las mesas de negociación muchas mujeres, más que otras veces.

Pero han transcurrido los días, están cerrándose los pactos y crece en mí la sospecha de que puedo volver a acabar frente a una pila de cajas, con la expectativa compuesta y sin perrito que la ladre. Así que, por lo que pueda ayudar y dirigido a quien pueda interesar, he decidido aprovechar este espacio para pintar mi propia línea roja en el suelo.

Primera línea roja: Gobiernos paritarios. Porque sin mujeres no hay revolución, ni ciudadanía, ni gente, ni democracia, como dicen los lemas feministas, pero principalmente porque he dejado de creer que se pueda hacer política de igualdad sin las mujeres en los espacios de decisión política.

Segunda línea roja: Propuestas de organización política y administrativa que coloquen los temas de igualdad en las posiciones de poder y negociación suficientes para poder desarrollarse. Y no me refiero sólo al nombre de las consejerías-concejalías, sino a la estructura, los recursos y la especialización y el compromiso de las personas que asuman las responsabilidades.

Tercera línea roja: intención de gobernanza construida con la sociedad civil y cuando digo sociedad civil me refiero no sólo a las personas que nos vestimos de civiles por la mañana, sino a las organizaciones que incrementan nuestra capacidad de incidencia, de interlocución y de representación y que facilitan la innovación social y la mejora de la calidad de los servicios públicos.

Lo de las prioridades sobre la violencia de género, el empleo de las mujeres, la necesidad de cambiar las prioridades económicas por criterios de bienestar social se lo voy a ahorrar porque bastante he dado la vara sobre el tema y porque si no hay mecanismos que garanticen su desarrollo simplemente no serán posibles.

Como la mayoría, yo también estoy preocupada por la corrupción y la regeneración democrática de los partidos políticos y las instituciones, pero hacer política, especialmente en lo local y autonómico, debe incluir el debate sobre los modelos de gestión y las prioridades de gobierno. Mucha era la expectativa en este nuevo escenario, veremos como acaba, pero hubiera preferido que algunas de estas cosas hubieran sido parte de los elementos irrenunciables que se hubieran publicitado y asumido estos días y no jugar al sorpresa sorpresa.

Publicado en el Blog Ellas de @Elmundo.es