Le comentaba el otro día a una amiga, que tiene dos hijas, en relación con el nuevo Plan de apoyo a las familias, recientemente aprobado por el Gobierno lo siguiente:

– Estarás contenta. El Gobierno te acaba de subir la pensión un 5%.

– No me hables, – me contestó – ¡Vaya broma de mal gusto! Yo lo que quiero es cobrar ahora lo mismo y que se dejen de tonterías.

Estaba yo preparada, en modo discurso, como suele decir la única hija que tengo y que no me da acceso a semejante privilegio, para explicar las trampas de la propuesta desde el punto de vista social, pero ya ven, no me hizo falta. Y si esto es lo que piensa lo que podríamos considerar un prototipo de mujer de mediana edad que ya tienen criadas sus responsabilidades familiares, es decir todo ventajas respecto de la propuesta del Gobierno, me cuesta imaginar que la medida pueda tener algún impacto sobre mujeres más jóvenes, de esas que aún están en el momento de decidir si ahora es el momento o mejor espero a tener más estabilidad laboral. Cómo si eso fuera posible en este momento.

Así que seguramente no hace falta emplearse muy a fondo para explicar que un complemento en las pensiones de las mujeres en función del número de hijas o hijos que hayan tenido no va a resolver ninguno de los problemas que pretende. Por varias razones.

Parece que la medida sólo es aplicable a las pensiones contributivas, por lo que deja fuera de la medida a las pensiones más bajas que son las pensiones no contributivas.

No aborda por tanto, el problema de acceso al sistema de pensionesque tienen muchas mujeres en España, que no han conseguido tener itinerarios laborales lo suficientemente largos y estables para acceder al sistema contributivo de pensiones, en muchas ocasiones debido a su dedicación al cuidado de la familia y el trabajo doméstico.

Deposita toda la presión de la baja natalidad en las mujeres, apartándose del principio de corresponsabilidad que debe aplicarse en cualquier política referida al cuidado de las personas y a la conciliación de la vida familiar y laboral.

No puede calificarse por lo tanto como una medida para la igualdadsino como una política netamente natalista. Pero incluso desde este punto de vista se puede cuestionar su eficacia, ya que de forma inmediata se dirige a un grupo de mujeres, las que se van a jubilar en los próximos años, que por razones evidentes ya no pueden modificar su decisión sobre la maternidad y no resuelve las dificultades de acceso en el futuro a las pensiones de las mujeres que hoy se están enfrentando con los problemas de conciliación y una profunda crisis de empleo que se lo pone mucho más difícil.

El resto de las medidas que propone el Plan de Apoyo a la Familia para la conciliación de la vida familiar y laboral y la promoción de la corresponsabilidad son medidas que ya sabemos que no funcionan o que son claramente insuficientes.

Así que, incluso pasando por alto que es una medida sobre la que hay que legislar y que necesitará, imagino, un acuerdo político social en el marco de lo que conocemos como el Pacto de Toledo, contexto en el que se acuerdan las modificaciones del sistema de pensiones, esta medida va a beneficiar a muy pocas mujeres, no parece que vaya a tener un suficiente efecto para modificar las decisiones sobre maternidad de las más jóvenes y no va a tener ningún efecto redistributivo ni sobre la brecha salarial entre mujeres y hombres que, en este momento, es más alta que los porcentajes que propone el gobierno incluso para las madres de más de cuatro hijos o hijas.

Y esto nos lleva a lo de siempre. Para hacer políticas eficaces hay que saber, especialmente cuando hablamos de cuestiones que afectan a la igualdad entre las personas, porque incluso cuando se tienen objetivo netamente electorales, – qué si no puede justificar la presentación de esta medida incompleta unos días antes de una cita electoral- la gente ya no se lo cree, aunque sean madres y tal vez precisamente porque estamos en plena campaña electoral.

Publicado en el Blog Ellas de @Elmundo.es