Cantaba Ella Baila Sola una canción que se titulaba ‘Mujer florero’. Nunca me gustó, más que nada porque apuntaba mal, identificando como mujer florero a un prototipo del cásate y sé sumisa y no. Ser mujer florero no es esto.

Como estamos en año electoral lo de la ‘mujer florero’ lo vamos a escuchar en diferentes ocasiones y aplicado a la composición de las listas electorales, dícese de aquellas de sus componentes del sexo femenino quehan conseguido el puesto gracias a las normas que obligan a una participación equilibrada, las mal llamadas cuotas, en lugar de hacerlo por su valía y sus méritos. En realidad, ante la falta de fuentes de verificación de la valía de candidatos y candidatas, todas las componentes de una lista pueden ser calificadas como tales por su mera presencia en una lista.

Por el contrario no hay ‘hombres florero’. Pero no se equivoquen, esto no se debe al alto grado de valía y de competencia de los candidatos que aparecen en las listas electorales, sino simplemente al hecho de que una mayor participación masculina en una lista electoral, se percibe comúnmente como el estado natural de las cosas. Así que nadie se cuestiona la valía de cualquiera de los candidatos masculinos  de una lista, que se entiende están e ella  por méritos propios, por muy bodoques que sean.

Son muchas las razones y las teorías que han venido explicando durante los últimos tiempos, décadas incluso, que los desequilibrios en la participación entre mujeres y hombres en espacios de representación reducida, tales como una lista electoral, o un consejo de administración, nada tiene que ver con la valía, los méritos o la capacidad de sus componentes. Más bien se ha conseguido explicar que un desequilibrio grave en estos contextos sólo puede ser debido a un sesgo en los procedimientos de selección basados premiar y seleccionar en virtud de muchas otras cosas que nada tienen que ver con la valía o los méritos personales. Cosas como haber estudiado en el mismo colegio, ser amigos o tener amigos comunes, compartir aficiones, en definitiva, reconocerse como iguales, importa bastante más que los méritos  personales.

Pero por mucho que se explique y que haya incluso grandes universidades y centros  de investigación dedicados a construir evidencias en este sentido siempre habrá alguien que estime que las cuotas, o las listas cremallera son una injusticia y un mal procedimiento para la selección de “los mejores” que siempre deberían prevalecer por encima de su sexo. También habrá siempre alguien que argumente contra regular la presencia equilibrada de mujeres y hombres alegando que en realidad perjudica a las mujeres de valía. Y no se pierdan el definitivo “Si es que no hay”.

Y así llevamos todo el tiempo desde la primera vez que a alguien se le ocurrió pronunciar la palabra cuota aplicada a la participación de las mujeres.

Con estas sencillas nociones, se puede participar con bastante éxito en cualquiera de los debates que se organizarán en sus agrupaciones, sus círculos, sus tertulias, o demás espacios de participación política que tengan a mano. Porque por mucho que nos pueda parecer que este debate ya está superado, lo cierto es que acecha tras cualquiera de las siglas, de los análisis, de las opiniones que nos acompañaran en este año electoral.Hay poco espacio para la innovación en el debate, salvo tal vez, en la reivindicación del espacio en nombre propio. Probando, probando… De mayor quiero ser mujer florero.

Publicado en el Blog Ellas @Elmundo.es