Aunque muchos de mis artículos contienen referencias personales, no es frecuente que hable aquí de episodios de mi vida personal. Dedico este blog a cuestiones que tienen que ver con mis ideas y con los temas que defendemos desde Fundación Mujeres. Pero hoy voy a hacer una excepción. El pasado sábado estuve con mis compañeras de la infancia, recordando que hace la friolera de 25 años que dejamos nuestro colegio, para muchas, como para mí, el cole de toda la vida. 

Reconozco que me resistí a la idea inicialmente. Me daba pereza. Mi vida ha cambiado mucho desde que dejé el Colegio Santa Cecilia de las Hermanas Carmelitas de Cáceres. En realidad todo ha cambiado mucho. Pero decidí ir. 

Quise ir porque, de repente, el solo anuncio de la celebración de esta efeméride, abrió en mi cabeza espacios de la memoria que creía perdidos para siempre. Comencé a recordar nombres, anécdotas y situaciones en las que hacía más de 20 años no había reparado, pero que siguen ahí. Me he dado cuenta de que comparto con mis compañeras del colegio, no solo la edad y seguramente esta sensación de tener que afrontar esto de la cuarentena, de hacerse mayores, de la mejor manera posible, sino, además, una gran cantidad de recuerdos de esos que no se borran nunca. Incluso algunas de ellas recuerdan más cosas de mí que yo misma. 

Me he dado cuenta de que, ellas, el colegio y otros lugares comunes, estarán siempre conmigo y, si hago caso de lo que me contaron mis abuelas, volverán al primer plano de mis recuerdos a medida que me vaya haciendo vieja. Merecía la pena no sólo recordarlas en aquellos tiempos propios del “œCuéntame”¦” sino volver a verlas, para añadir un nuevo recuerdo, que no es otro que el reconocimiento de que compartimos una historia común, por muy diferente que haya sido nuestra vida, de que muchas veces hemos tenido que enfrentarnos a las mismas cosas, no en vano somos mujeres de la misma generación y de que, a veces, sonreímos evocando un momento en el que todas nos reconocemos.

Después del encuentro, posiblemente nos siguen uniendo y separando las mismas cosas; las mismas de entonces, más las sucedidas en 25 años de distancia. Ni más, ni menos. Pero hoy tengo un nuevo recuerdo. Un recuerdo que me ayuda a no olvidarme de quién soy, que me ha hecho evocar todo lo bueno que aprendí y compartí con muchas de ellas, y a reafirmarme en el esfuerzo de todo lo que tuve que desechar.

Por el buen rato y la oportunidad de hacer esta reflexión, no se me ocurría mejor manera de dar las gracias a todas, que hablar de ello en este blog, dedicado a las cosas que me importan.

Las imágenes que he recibido del evento lo dicen todo. No hubo manera de que dejáramos de hablar ni para que nos hicieran la foto. (Gracias por las fotos)