Hay un código común para reconocernos ciertas mujeres, sobre todo mujeres, que hemos compartido trayectoria y generación profesional y militante en el ámbito de la igualdad de oportunidades. Consiste en constatar el conocimiento mutuo del informe Conducir el cambio estructural. El papel de las Mujeres. OCDE, 1991.

Hay otras claves, como el haberse creído que en algún momento laPlataforma de Acción de Beijing 1995 de Naciones Unidas, iba a constituir una hoja de ruta y procedimientos de rendición de cuentas para los estados en materia de políticas de igualdad, pero en realidad esa esperanza se perdió en muy pocos años, y ahora, en la cita quinquenal neoyorquina, que ya se aproxima, sólo esperamos que, de ese planeta ONU que orbita a las orillas del East River, salga al menos una declaración de intenciones sobre lo que nos queda por hacer, no vaya a ser que en una de estas les dé por llegar a un acuerdo ejecutivo que rebaje los compromisos del 95. (¡Con lo que hemos sido!)

Pero volviendo a lo de la OCDE, la cosa es que si escuchas, en relación con la discriminación laboral de las mujeres la frase “…esto ya lo decía la OCDE, institución nada sospechosa de ser feminista, en su informe Conducir el cambio estructural en el año 91….” Sabes inmediatamente que estás en presencia de “una de las tuyas”.

El hecho es que la OCDE lleva muchos años escribiendo, dictaminando y orientando a sus estados asociados sobre la oportunidad de la incorporación laboral de las mujeres como un mecanismo de desarrollo económico, que debe ser aprovechado como elemento de sostenibilidad y cohesión social, y analizando los obstáculos para conseguir la igualdad en este terreno. Dentro de sus propuestas siempre, o al menos desde su informe de 1991, ha incluido el hecho de que las responsabilidades y tareas derivadas de la maternidad eran uno de los obstáculos que mayor incidencia podía tener sobre la no incorporación de las mujeres al empleo. El título de “Conducir el cambio estructural” se refiere precisamente a un cambio en el reparto del trabajo doméstico y las responsabilidades familiares entre mujeres y hombres y el necesario desarrollo de servicios por parte de los estados como parte de esa transformación.

No sé si echar la cuenta de los año que han pasado desde el año 91, por aquello de no deprimirme en unas fechas tan tempranas del año, pero el caso es que estamos en el 2015, y el último informe difundido de la OCDE, en este caso analizando la relación entre educación y empleo, vuelve, de nuevo, a poner en evidencia el mismo argumento. Ni siquiera en los mayores niveles de cualificación, ni siquiera en las generaciones más jóvenes, se cierra la brecha de desigualdad en el mercado de laboral entre mujeres y hombres. Y ello a pesar de que las mujeres en casi todos los países analizados, tienen mayores niveles de formación y cualificación que los hombres.

Las razones que vuelve a esgrimir la OCDE para la persistencia de esta desigualdad laboral a pesar de los mayores niveles de cualificación de las mujeres, son factores como el desigual reparto de las responsabilidades familiares y domésticas, la falta de servicios de atención y cuidado a las personas y las desigualdades salariales, que se convierten en auténticos desincentivos de la participación laboral de las mujeres.

En definitiva, lo que las mujeres podíamos hacer para intentar mejorar nuestras oportunidades de desarrollo profesional, lo hemos hecho.Nos hemos formado por varias generaciones más que los hombres de nuestra misma edad. En España, la participación de las mujeres en la formación universitaria supera el 50% desde hace más de 25 años y no ha dejado de crecer. Aún así, esta peculiar recuperación económica que estamos viviendo no augura que vayan a disminuir las desigualdades en el empleo. Ninguna, la que persiste entre mujeres y hombres tampoco, a pesar de la mayor cualificación de las mujeres. Y en este contexto de crisis lo de la creación de servicios de guardería, de atención a la dependencia y demás y lo de disminuir las diferencias y discriminaciones salariales, son elementos que empiezan a pertenecer al terreno de laciencia ficción.

Ya sólo queda esperar otros cuantos años al siguiente informe de la OCDE o cualquier otro organismo de esos internacionales, que parecen decir una cosa cuando hablan de economía y la contraria cuando hablan de política social, que podrá aprovechar por el procedimiento del corta y pega los contenidos de los anteriores, ya que volverán a decir otra vez lo mismo. Y nos haremos viejitas, pensando que desde el principio nosotras y, en realidad, todo el mundo sabíamos lo que había que hacer pero que el vehículo del cambio estructural, siempre estuvo en manos de quienes no conocía la ruta. Quizá deberíamos dejar de leer informes, quizá la OCDE debería dejar de hacerlos y empezar a hacer política. Quizá la política no sea otra cosa que aprender a conducir.

Publicado en el Blog Ellas de @Elmundo.es