Unas recientes declaraciones de la Presidenta del Observatorio de la violencia doméstica y de género del Consejo General del Poder Judicial, Ángeles Carmona, comentando uno de los muchos vídeos que se pueden encontrar en las redes sociales denunciando el acoso callejero contra las mujeres jóvenes en una entrevista en Radio Nacional, ha desatado un debate inesperado y sorprendente en la prensa sobre el piropo.

Pero ¿qué es un piropo? Supuestamente hablamos de un halago espontáneo destinado a resaltar las cualidades de otra persona. Suena bien. Si además hacemos caso de, por ejemplo, su manifestación cinematográfica en las películas españolas de los años 50 o 60 o de la copla, casi se diría que se trata de una pieza corta de poesía que un hombre le dedica a una mujer a la que no conoce, siempre galante, para resaltar su belleza. Aquello de las ojeras y el lirio real.

Pero en la práctica el piropo callejero suele ser otra cosa. Normalmente unabordaje abrupto consistente en una descripción, más o menos desafortunada, por parte de un personaje pretendidamente gracioso, sobre las diferentes partes del cuerpo de una mujer y las opciones de uso del mismo que se le ocurrían al sujeto en ese momento. En cualquier caso, una irrupción iniciada por un extraño, sin permiso de la interlocutora y de claro contenido sexual y, casi siempre, intimidatorio. Y todo esto cuando tu vas a lo tuyo por la calle.

Es mentira que a las mujeres nos gusten este tipo de ‘piropos’ o los hayamos tolerado en ningún momento. Más bien hemos sobrevivido a ellos, al sobresalto y, a veces, también al miedo que dan. Las mujeres de los años 50 y 60 salían siempre en grupo o llevaban en el bolso un alfiler de sombrero. Mi generación, apretaba la carpeta de los apuntes del instituto contra el pecho, y pasábamos a la carrera por los edificios en construcción, por ejemplo. Alguna vez también hemos contestado al baboso de turno con alguna palabra malsonante, que obtiene automáticamente el consabido,feaputaboyeramalfolla… ¡Viva la gracia española!

Una generación de mujeres jóvenes está utilizando ahora herramientas audiovisuales y las redes sociales para desmontar esta idea del galán espontaneo, y denunciar gráficamente lo que no puede ser calificado sino como auténtico acoso callejero. Mujeres jóvenes que con independencia de su indumentaria y de su actitud son abordadas, calificadas, incomodadas y también insultadas por el simple hecho de caminar por la calle. Y pasa en todo el mundo. Desde las calles de El Cairo a Nueva York y, por supuesto aquí mismo.

Si se encuentran con alguno de estos vídeos, algunos de ellos grabados incluso en clave de humor, se darán cuenta de que se corresponden con un sentimiento de hartazgo por parte de estas mujeres, que lejos de sentirse halagadas, denuncian este comportamiento como un auténtico acoso.

Y definido este contexto, vuelvan sobre la polémica de los últimos días. ¿Estamos hablando de una bonita tradición o sería recomendable erradicar este tipo de comportamientos? ¿Son piropos o son pura grosería testosterónica?

Aún así, aclarar que no conozco a nadie que esté pidiendo una intervención penal sobre este tema y que probablemente, el que haya sido una representante del poder judicial la que ha realizado estas declaraciones en el contexto de una entrevista sobre la violencia de género, es lo que ha alimentado los titulares durante estos días. Esto es, evidentemente un tema de educación, respeto y convivencia entre mujeres y hombres. Pero que se haya aprovechado la ocasión para frivolizar con la intolerancia de las feministas y las políticas de igualdad, difundiendo la pretendida belleza del piropo como si de una bonita tradición o un acto cuasicultural se tratara, me ha parecido francamente cargante.

No conozco a nadie a quien no le guste un halago, evidentemente. Pero tampoco conozco a nadie a quien le guste que le intimiden y le griten groserías por la calle. Tampoco conozco ninguna situación en la que alguien hiciera defensa de algo así, si no fuera porque tenemos alterada la percepción de la realidad bajo una mitología sobre las relaciones entre mujeres y hombres que es indefendible.

Publicado en el Blog Ellas de @Elmundo.es