¡Basta ya! Fue el grito contra las muertes por el terrorismo etarra. ¡Basta ya! Se ha utilizado estas semanas con la muerte de un hincha del Deportivo de La Coruña. ¡Basta ya! debería ser el grito que se formule cada día contra los asesinatos de mujeres, hasta que la cifra sea cero.

Por supuesto que todas las víctimas deben valer lo mismo. Los derechos a la seguridad, a la vida, a la integridad moral y física de cada uno, de cada una, son un patrimonio común que debemos proteger con el mismo ahínco y determinación, pero lo cierto es que no reaccionamos igual en todos los casos.

Las cifras de la violencia de género, las mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas, necesitan superar ciertos niveles para llamar la atención. Tres mujeres en dos días, seis en una semana, es la última unidad de medida. También nos valen las marcas y los registros, más o menos que el año anterior, más o menos que la media de los últimos años, más o menos que en otros países. 55, 56, 57… ¿Cuántas van ya? ¿Según los datos de quién?

Tenemos cada vez más información, series largas de datos  que se han construido gracias a una década de agria pelea y constante debate social entre quienes entienden que una sola víctima es intolerable y quienes plantean que tampoco hay que pasarse, que es pura utopía pretender acabar con la delincuencia en este ámbito, que hemos de acostumbrarnos a vivir con un nivel de violencia contra las mujeres porque es inevitable y propio de la condición humana, la condición masculina, que se utiliza también en esto como medida de las cosas, y que ese nivel no justifica el desarrollo de las medidas de protección y persecución del delito que establece la Ley.

Es posible que haya gente que piense lo mismo en relación con otras víctimas, en relación con otros delitos. Es posible, pero no lo sé porque no lo formulan abiertamente, porque no se puede decir que el terrorismo, la corrupción, la violencia en el deporte, el abuso a menores, las estafas, son consustanciales a la naturaleza humana, y es mejor acostumbrarnos a vivir con un cierto nivel y no pasarnos con el castigo y la protección de las víctimas de estos delitos. Sólo nos lo permitimos cuando las víctimas son mujeres. Mujeres agredidas por sus parejas, mujeres violadas por extraños, mujeres traficadas por mafias. Porque todo esto es violencia de género.

No es verdad. Es posible acabar con la violencia contra las mujeres. Pero para ello hay que tomar medidas para proteger a las víctimas actuales y trabajar para que nadie tenga que salir de la violencia de género en el futuro. Abrir de par en par las puertas de salida y cerrar con siete candados las puertas de entrada. Al menos en lo que tiene que ver con las relaciones afectivas.

Tenemos una ley, que en su décimo aniversario, se merece un homenaje. El homenaje de creer que era posible acabar con la violencia que ejercen los hombres que creen que pueden hacerlo en su casa, contra lo que creen que les pertenece, y proteger de forma efectiva a las mujeres y a los niños y las niñas dentro de las relaciones afectivas y familiares. Diez años sólo para explicar la falta que nos hace trabajar en esta dirección e identificar los muchos obstáculos que tenemos en la calle, en las tribunas públicas, en los juzgados o en los hogares para conseguirlo. Sólo nos falta dedicar los próximos 10 años a hacer las cosas que ya sabemos que nos servirán para conseguirlo.

Publicado en el Blog Ellas de @Elmundo.es