Dos noticias han llamado mi atención este fin de semana. Una ha sido el Alarde de Hondarribia y la estupidez que se les ha ocurrido en esta ocasión a la población de la localidad que se opone a la participación de mujeres en las compañías que desfilan.

La otra es la elección de los miembros del Consejo general del Poder Judicial que, con dos años de retraso renueva su composición y que, como ya viene siendo habitual en la elección de este tipo de órganos, el acuerdo político no ha incorporado las normas del principio de participación equilibrada entre mujeres y hombres que se propone en la Ley para la Igualdad Efectiva entre mujeres y hombres.

Artículo 16. Nombramientos realizados por los Poderes Públicos.

Los Poderes Públicos procurarán atender al principio de presencia equilibrada de mujeres y hombres en los nombramientos y designaciones de los cargos de responsabilidad que les correspondan.

Aparentemente no tienen nada que ver, pero ambas noticias me han hecho pensar sobre los obstáculos que aún persisten para la participación de las mujeres en los espacios públicos, sean estos cuales sean.

Si las personas que acuden a ver un desfile simbólico no aceptan que las mujeres participen del mismo en pié de igualdad con los hombres, aceptando como buena la relegación histórica de las mujeres a servidoras de los ejércitos, ¿tenemos suficiente autoridad para reclamar los espacios de participación en las actuales instituciones?

Los paraguas de Hondarribia, en realidad, continúan siendo una coartada para quienes no quieren ver a las mujeres ocupando los espacios que, en justicia, les pertenecen como ciudadanas. En la memoria histórica o en la sociedad de hoy mismo.

¿Cómo reprochar el incumplimiento de la Ley de igualdad al parlamento, que será quien apruebe de forma definitiva el pacto alcanzado por los grupos políticos, si la población discute la presencia de las mujeres en manifestaciones culturales populares?

Queda mucho camino y muchas barreras, perfectamente simbolizadas en la lycra negra de los paraguas con la que se ha vestido la estupidez, este año, en el alarde de Hondarribia.