Hace unos días Intermon Oxfam presentaba un informe sobre fiscalidad y desigualdad de género, titulado Ajustar la Lente. La presentación de este documento dice, literalmente, que muchas de las políticas fiscales se basan en la idea de que existe un hombre ganador del pan en cada hogar, y por ello es el sujeto que interactúa económicamente con el mercado y el Estado. Por lo tanto, las políticas fiscales pueden estar reforzando la división sexual del trabajo y las desigualdades entre mujeres y hombres, operando como obstáculos para el desarrollo y máximo aprovechamiento del potencial de las mujeres.

El documento es una propuesta metodológica para el análisis de los sistemas fiscales y los presupuestos públicos desde la base de que estas políticas son sensibles al género y que si no se realizan los análisis oportunos se corre el riesgo de que las políticas económicas y la elaboración de los presupuestos incidan en la desigualdad en lugar de repararla.

Comparto la reflexión y el documento me ha encantado. Me gustan estas cosas que demuestran que para comprender y empezar a desmontar los mecanismos de la desigualdad, a veces basta con cambiar la óptica de los análisis, basta con “ajustar la lente” y hacerse las preguntas adecuadas, sobre aspectos fundamentales para incorporar la igualdad y el enfoque de género a las políticas fiscales y presupuestarias.

En el año 2003, en España se reguló la obligación de hacer informes de impacto de género de todas las disposiciones normativas. Obligación que se reforzó en la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva. Desde el año 2009, se vienen haciendo este tipo de informes para adjuntarlos a la Ley de Presupuestos Generales del Estado. Se pretendía con esta medida aportar análisis sobre las causas y consecuencias de la desigualdad en la política presupuestaria y también fiscal.

En teoría se trata de un avance legislativo en materia de igualdad, de un instrumento para identificar cómo se distribuyen los recursos públicos entre mujeres y hombres y saber cómo contribuyen cada uno de los departamentos ministeriales y otros gestores presupuestarios a los objetivos de las políticas públicas de igualdad. Pretende aportar mayor información tanto para quienes se encargan de aprobar los presupuestos, (diputados y diputadas y grupos políticos), como para quienes posteriormente lo gestionan (personal y responsables políticos de la Administración General del Estado).

Los Presupuestos de año 2015, actualmente en tramitación parlamentaria cuentan con su propio informe, pero buscar en este documento algo que se aproxime mínimamente a un análisis de la desigualdad y propuestas de cambio de enfoque es imposible, simplemente porque no lo hay.

En las más de 500 insufribles páginas, que espero no se impriman ni una sola vez, sólo se pueden encontrar vaguedades con las que los diferentes programas presupuestarios dicen que van a contribuir al desarrollo de la igualdad en España, pero no aporta respuestas ni información alguna sobre cuestiones esenciales de la desigualdad en sus ámbitos de actuación.

Para empezar no se habla de fiscalidad, no se analizan los ingresos del Estado y por lo tanto no hay ninguna referencia de cómo la reforma fiscal va a afectar a mujeres y hombres de forma diferenciada, que lo hará, por pura lógica de la brecha salarial. No se identifican brechas en relación con las pensiones o las coberturas de las prestaciones de desempleo. De hecho los principales capítulos presupuestarios que se dedican a estos menesteres se desembarazan de estos análisis diciendo que su actividad no responde a cuestiones de género, como si las personas que recibieran estas prestaciones no tuvieran sexo.

Tampoco se concretan o se fijan resultados esperados respecto de los principales problemas de la desigualdad entre mujeres y hombres en España, en el empleo, en la educación, en la salud, ni se analizan problemas como la disminución de la cobertura de la dependencia sobre la autonomía de las personas y de las mujeres. Y la lista de ausencias sorprendentes es muy, muy larga.

Por no hacer, no se hace ni siquiera una valoración del impacto que tendrá el presupuesto sobre la igualdad y las conclusiones se limitan a hacer un par de comentarios autocomplacientes sobre la calidad del propio informe y las dificultades para su elaboración, que se leen con auténtico estupor.

Pero lo peor de todo es que este informe es un aburrimiento, carente de todo interés, y plagado de oportunidades para que los diferentes departamentos ministeriales justifiquen un falso y estéril supuesto compromiso con la igualdad que no se podrá ni medir ni verificar.

Cuando no se quieren hacer las cosas bien, lo mejor es que no se hagan. Y si el esfuerzo invertido se debe al pequeño detalle de que es una obligación legal, no puedo resistirme a hacer una pequeña recomendación para el próximo año: Por favor, resuelvan en cuatro o cinco folios, que lo malo si breve…

Publicado en el Blog Ellas de @Elmundo.es