La semana pasada conocimos los datos del paro registrado del mes de septiembre. El paro subió, de acuerdo con la nota de prensa que se distribuye puntualmente por parte del Ministerio de empleo, en un total de 19.720 personas. El dato fue valorado por el Gobierno como un éxito en el marco de un mes, septiembre, que tradicionalmente tiene malos datos relacionados con el desempleo.

Lo que no nos decía la nota del Ministerio de Empleo y, por consiguiente, ninguno de los miles de titulares y noticias publicadas es que, en realidad, en los 4.447.650 personas apuntadas a las listas del paro en el mes de septiembre hay 4.067 parados menos y 23.787 paradas más. Si. Lo han leído bien, el incremento neto del desempleo del mes de septiembre se compone exclusivamente de mujeres que han perdido su empleo.

Seguramente no es nada sorprendente ya que no es más que una curiosa manifestación de lo que es ya una tendencia sostenida. De hecho en datos interanuales, la disminución del desempleo masculino está en más de un 8 por ciento (191.835 parados menos), mientras que en el caso de las mujeres, esta disminución no alcanza el 3,5% (84.870 paradas menos). En consecuencia las cifras del paro registrado para mujeres y hombres empiezan a ser significativamente dispares y, en el mes de septiembre hay 256.114 mujeres registradas en las oficinas de empleo más que hombres.

Quizá convenga poner estos datos en un contexto de tasas de actividad y todo esto, pero andaba yo con esta reflexión la semana pasada, cuando irrumpió en mi campo auditivo la presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica Oriol, con unas declaraciones relativas a sus preferencias en la contratación de mujeres y sus opiniones sobre los derechos laborales relacionados con la maternidad.

Podría continuar ahora con una frase que utilizo a menudo cuando tengo de hablar del empleo de las mujeres, explicando cómo el patriarcado utiliza la discriminación laboral como estrategia para recordarnos a las mujeres que somos intrusas en un club selecto (relaciones laborales), que sólo admite prototipos individuales plenamente disponibles.

Podría reflexionar sobre cómo las empresas españolas demandan flexibilidad sólo cuando se trata de la cuenta de resultados, (y bien que lo están haciendo ahora) y nunca en relación con los derechos de trabajadores y trabajadoras o de proteger beneficios sociales colectivos, como la natalidad. Sobre cómo son muchas las veces que, desde la representación política de las empresas, se sugieren medidas relacionadas con el empleo femenino que apuntan directamente a la evidencia de que no se quiere mujeres en edad fértil, y en consecuencia en ninguna otra, en el mercado laboral; se las presenta como un coste añadido y se entiende que las obligaciones familiares no es un asunto de las empresas. Los hijos y las hijas, que los tengan otros y otras, etc…

Podría continuar diciendo que entender los derechos laborales relacionados con la maternidad/paternidad (aunque de esto segundo hay poco y aplazado), como una medida de protección a las mujeres es de una ceguera social preocupante y, no obstante, muy extendida entre el empresariado, que explica muy bien el nivel de las tasas de natalidad y fecundidad en España y en todo el sur de Europa.

Pero no. Voy a defender a Mónica Oriol.

Lo único que ha hecho esta presidenta es seguir la senda marcada por una institución que, por ejemplo, en el año 2000, siendo presidente Manuel Azpilicueta, llegó a proponer para la reforma laboral que se negociaba en ese momento, que las mujeres trabajadoras pagaran un canon con el que poder costear sus permisos de maternidad. Sí. Pagar por trabajar más que los hombres.

De aquellos polvos estos lodos. Ha cambiado el sexo de la persona que hace las declaraciones, pero nada más. Ya se ocupan las empresas miembros de este Círculo selecto de elegir a representantes que sean fiel reflejo de lo que entienden son la defensa de sus intereses. ¿O alguna de ellas se ha desmarcado de estas declaraciones? ¿Y de las anteriores?

Así que no. Ser mujer y decir estas cosas no es un pecado de Mónica Oriol, sino de quienes creen que elegir a una mujer que diga lo mismo que dijeron otros antes, les resulta más rentable y, probablemente, más creíble. Por lo demás, las empresas que forman parte del Círculo de Empresarios y todas las demás a las que les debemos agradecer la cantidad y la calidad del empleo del que disfrutamos todas y todos en este momento, ya han tomado su decisión sobre cómo y cuándo contratar mujeres, sabiendo que nada va a pasar incluso si se jactan de opiniones claramente discriminatorias para con las mujeres en materia de empleo.

Y si no se lo creen, vuelvan a leer los tres primeros párrafos de este artículo y pregúntense por qué esta información no estaba en la nota de prensa del Ministerio de Empleo.

Publicado en el Blog Ellas de @elmundo.es