No soy una gran aficionada al tenis. Por lo tanto no puedo opinar sobre si la trayectoria, los méritos o la competencia de Gala León, a quien recuerdo vagamente de su época como tenista, apoyan su nombramiento como capitana del equipo de la Copa Davis. Tampoco conozco el detalle del funcionamiento de la Real Federación de Tenis española, por lo que tampoco sé si el procedimiento para realizar este nombramiento ha sido el más adecuado o no.

Y si las críticas a esta elección hubieran permanecido dentro de la normalidad de estos argumentos, yo y medio país, hubiéramos seguido en nuestra ignorancia. Pero no. Tuvieron que salir los metepatas a dejar claras algunas cosas. Porque tanto las palabras de Toni Nadal, como de los que le han secundado, en relación con el nombramiento de Gala León, han dejado al descubierto cuáles son los auténticos obstáculos que enfrentan las mujeres para acceder a puestos de dirección, en este caso en el mundo deportivo, pero también en otros.

El primero y más importante: La creencia de que las mujeres son un elemento extraño en un entorno masculino y sólo pueden distorsionar y añadir tensión al normal funcionamiento de, por ejemplo, un vestuario masculino. (¿Qué harán estos chicos en los vestuarios?)

El segundo, en relación con los procedimientos de selección: Los hombres siempre prefieren que les dirija otro hombre, por eso reclaman procedimientos de cooptación cerrados, en los que sean los propios interesados quien propongan candidatos que, casi con toda seguridad, serán siempre masculinos.

Ambos argumentos son sexistas y discriminatorios para con las mujeres, además de la causa principal de la ausencia de las mujeres en puestos de responsabilidad. Ambos argumentos explican perfectamente las ausencias de las mujeres en la dirección de instituciones y ámbitos como la Real Academia de la Lengua, el sector de la minería, el Ejército, la Comisión Europea, o los consejos de administración de las grandes empresas.

Claramente se trata de argumentos que apuntan a una discriminación por razón de sexo porque estas resistencias se activan sólo para con las mujeres. Dicho de otra forma: esto a los hombres no les pasa. De hecho son varios los seleccionadores nacionales que parecen haberse paseado sin mayores problemas (¿o no?) por los vestuarios de varias disciplinas deportivas femeninas incluyendo la Copa Federación de tenis femenino, sin que nadie haya puesto en duda su competencia. Al contrario, se reconoce a los hombres un plus de autoridad para mandar incluso cuando se trata de dirigir equipos mayoritaria o exclusivamente femeninos, deportivos o no.

A menudo se critican las medidas para favorecer la presencia de mujeres en puestos de dirección y responsabilidad, porque son muchas las personas que piensan que estas medidas son un obstáculo para el reconocimiento del talento y la competencia en los procesos de selección.

El tono y el contenido de las críticas contra el nombramiento de Gala León han puesto en evidencia que no es una cuestión de valía ni de méritos lo que se juzga de las mujeres en éste y en otros casos, sino preferencias basadas estrictamente en las relaciones de género y en las resistencias masculinas sobre la presencia de las mujeres en los puestos de dirección. Puede que a los portavoces de estas críticas no les importe, pero es machismo rancio y estúpido.

Queda un último capítulo en esta historia. Habrá que ver si la Federación aguanta este envite y confirma este nombramiento o, se inclina a favor de lo que algunos consideran el mérito universal, que no es otro que ser un hombre. Decidan lo que decidan, los “metepatas” han llevado la decisión y el debate a este terreno.

Publicado en el Blog Ellas de @Elmundo.es