Mi abuela
Era marteña. Vino a Madrid allá por los años cincuenta desde la cuna del olivar y a ella ha regresado para su descanso eterno a sus 89 años, junto a su hermana, mi tía abuela Consuelo, que también nos ha dejado este año y que tan unida estaba a ella y a nosotras sus sobrinas nietas.
Hija de un republicano pobre pero orgulloso, mi bisabuelo, deseó que sus tres hijas aprendieran a leer y a escribir. No quería que sirvieran en las casas de los “señoritos”. Sin embargo, pudo más el hambre y el latifundio que la voluntad y el orgullo de mi bisabuelo. De las tres hermanas tan sólo mi tía abuela Consuelo, ya de mayor, aprendió a leer cuando con la democracia llegaron las clases de alfabetización para personas mayores. ¡Aceitunera altiva!, mi abuela murió analfabeta.
Cuando yo aprendí a leer y a escribir, recuerdo, en torno a la mesa camilla de su cuarto de estar, al calor del brasero, prepararme para escribir las cartas que ella me pedía que escribiera a un primo suyo que quedó en Martos y a su hermano que emigró a Francia tras la Guerra Civil con 25 años y que regresó a España jubilado, allá por los años 80 para morir aquí. Mi abuela me hacía comenzar las cartas siempre así “Mi querido…, espero que por la presente te encuentres bien. Nosotros bien, gracias a Dios…”
Ella viajaba en el metro de Madrid para acudir a su trabajo y contaba las estaciones. A su vez, fotografiaba mentalmente los letreros de las mismas y siempre sabía en cuál debía bajarse. ¡Me pesa no haberle enseñado a leer. ¡Es mi espinita clavada en el corazón!
Fui su primera nieta. Mi madre me cuenta que cuando yo tenía apenas un año en la mesa de su cocina había una cesta de huevos y yo quería cogerlos. Mi madre le decía ¡Mamá no le dejes cogerlos! Y mi abuela decía ¡ay, déjala a ver que hace la niña! ¡Pues qué va a hacer mama, cascarlos!- le decía mi madre- pero mi abuela me dejaba coger el huevo y claro la niña lo estampanaba contra la mesa, entonces ella se reía satisfecha de la gracia que acababa de hacer su nieta.
¡Niña come pan! Era una insistencia que con frecuencia me hacia durante la comida cuando yo era una adolescente.
¡Ay que disfréez me lleva!. Me decía cuando yo, adolescente, me vestía con vaqueros y camisas de mi padre y de mi abuelo y que sin embargo, ella descosía y quitaba el cuello para que yo me las pusiera, pues era la moda de entonces.
¡Hijita, voy a poner un ratito las gasas del niño al sol con jabón y verás qué blancas se nos quedan!. Eso es lo que me decía cuando fue bisabuela por primera vez de mi maternidad temprana.
Ella hacía el jabón con la sosa y el aceite usado. El resultado eran unas pastillas cuadradas muy blancas y que utilizaba para lavar las gasas de mi hijo, cuando aún no estaba generalizado el uso de pañales.
En estos dos últimos años, le visitaba la tristeza. En algunas ocasiones me decía que pronto se iría de viaje, pero mi abuela era alegre y así se manifestaba cuando en nuestras reuniones con mis tres hermanas y mi madre participaba de ellas y si tocaba disfrazarse, ella también se ponía hecha un “disfréez”.
En nuestra intimidad y complicidad, ella y yo siempre nos nombrábamos cariñosamente, como ¡mi reina, mi princesa, mi bonita, preciosa. ! Que bien hueles bonita! ¡Cuánto te quiero Mi reina! Infinitamente infinito!
Se llamaba Amparo. Su nombre hacia gala a lo que ella era, una abuela que nos protegía con su inmenso amor por todas y por todos los suyos. Por eso, sabiéndose morir quiso despedirse uno a uno, una a una, de sus hijas e hijo, yernos y nuera, sus nietas y nietos, biznietas y biznietos, sus nietas políticas y sus nietos políticos. Y sí. Se despidió. Se marchó. Ya ha hecho su viaje. Ahora está junto a su hermana, por la que lloró mucho cuando se fue hace tan sólo seis meses.
Mi abuela, fue la mayor de una estirpe de tres mujeres marteñas, sólo queda una, que emigraron a Madrid, que pasaron muchas fatigas y angustias, que trabajaron duro y que a menudo nos han hecho reír con sus anécdotas, dichos e historias.
Tuvo dos hijas y un hijo, pero ha originado una prole de 15 nietos y nietas y 20 biznietas y biznietos. “Sentimos su ausencia”.

Noviembre 12th, 2008 at 12:35 pm
Es sobrecogedor el texto, me ha empañado de recuerdos y nostalgia.
Los recuerdos de todas estas vivencias quedan para siempre, no se borran con nada … afortunadamente es lo que queda.
Un abrazo fuerte, Gloria y …. mucho ánimo.
Noviembre 12th, 2008 at 2:15 pm
Me ha encantado el homenaje a tu abuela, me has hecho llorar y recordar muchas cosas, yo siempre creo que alguien así merece seguir hablando de ellos, sin pena, recordando todo lo que fueron y son.
Es una suerte haber tenido una abuela así, con la que además has podido vivir mucho tiempo y así tener tantos recuerdos bonitos.
Nosatras tenemos las suerte de haber vivido mucho de nuestros abuelos y de esta forma nosotras también somos un poco de ellos.
Un beso fuerte.
Laura.
Noviembre 12th, 2008 at 3:46 pm
Querida Gloria: gracias por compartir con nosotras este homenaje especial a tu abuela. Me ha emocionado y me ha hecho revivir mis propias experiencias con mis dos abuelas, andaluzas de las Alpujarras, luchadoras en una época muy difícil, abriendo camino a sus hijas y a sus nietas. Cuando éramos jóvenes no entendíamos ni compartíamos muchas de sus ideas, ahora las comprendemos y las admiramos.
Un abrazo.
Conchi.
Noviembre 12th, 2008 at 5:29 pm
Hola Gloria: Me ha encantado el pequeño homenaje que has dedicado a tu abuela. No sabes la suerte que tienes de haber podido disfrutar de ella tanto tiempo, sois pocas las personas que podeis hablar de vuestras/os abuelas/os a estas alturas de la vida como algo tan reciente, generalmente esas figuras tan importantes se pierden mucho antes, ya verás como siempre la recordarás como algo bonito y además que ha ocupado una parte larga e importante de tu vida.
Un beso,
Marilén.
Noviembre 13th, 2008 at 6:56 pm
Que suerte para tí haber vivido tantos años con tu abuela, y que suerte haber contado ella con una nieta como tú.
Que manera de hablar de tu abuela, que cariño al recordar todo lo que vivsteis juntas….
Me has recordado a mis abuelas y mis abuelos, también jiennenses los 4, de los que por desgracia no puede disfrutar tanto tiempo.
Un beso.
Rosario
Noviembre 25th, 2008 at 12:01 am
La verdad es q me has traido muy buenos recuerdos q estaban guardados y sin darme cuenta vuelven a mi memoria. Me enorgullece enormemente ser el nieto de esta gran persona q tanto hizo por todos nosotros.
Siempre estará en mi corazón y en mis recuerdos.
Felicito a Mari Gloria, mi hermana, de la q también me siento orgulloso y le agradezco q me haya traido tan buenos recuerdos.
PD
Me ha parecido una buena idea hermanita. Te quiero.
Tu hermano : J Carlos
Marzo 13th, 2009 at 4:30 pm
Hija Gloria, que me has sacado unas lagrimillas … a mis años !!!!
Preciso recuerdo y precioso homenaje a través de tu abuela a todas aquellas mujeres. Mi abuela materna tb fue muy especial y su recuerdo me acompaña y me sirve de guía, aún hoy.
Un idea fantástica este blog.
de alguna manera, me siento vosotras